Yo no tengo la más mínima duda de lo que haré el domingo 20 de mayo, para echar a Maduro e iniciar el camino de la reconstrucción.  No obstante, no calificaré de colaboracionistas o vendidos a todos los que erróneamente van a votar, ya que muchos de ellos están confundidos o actúan con ingenuidad, pensando que al votar eligen, y que, si vamos todos, ganamos.  No se han percatado que el 20 de mayo es una farsa, es el plan del continuismo para legitimarse, a través de una manipulación del voto en términos irreversibles.  Yo no voto el 20 de mayo. 

Si bien algunos podrían ir a votar por convicción o ingenuidad, otros ciertamente saben lo que están haciendo, son colaboracionistas y apuestan a sus prebendas, sin importarles que estén atornillando la dictadura.  Ellos serán juzgados por la historia.  Yo no voto el 20 de mayo.

Para saber qué hacer, lo primero es preguntarse si hay oportunidad, por pequeña que sea, de que gane algún candidato diferente a Maduro.  La respuesta es contundente: No.  El triunfo del continuismo está decretado por quienes hoy se presentan como dueños del país, me refiero a los invasores establecidos con sus fuerzas políticas y militares en Venezuela: el terrorismo y el narcotráfico internacional, la guerrilla colombiana, Cuba, Irán, Rusia y Bielorrusia.  Son ellos los que controlan la situación desde La Habana, lo hemos dicho y lo repetimos.  Maduro es un arlequín, es un payaso al servicio de quienes nos están arruinando, chupándose nuestras riquezas hasta el extremo de convertirnos hoy, porque así les conviene, en un pueblo pobre, hambreado y enfermo, para someternos más fácilmente.  Ellos no van a soltar el poder, y cuando convocan esta elección anticipada en siete meses, con el 80 % del pueblo en contra, es porque les interesa darle un barniz de legitimidad al régimen agotado, que luce sin aliento para nada bueno.

Que la oposición es mayoría, que quienes adversan a Maduro constituimos un largo 80 % de la población total, eso no está en discusión, y por eso el 6 de diciembre de 2015 ganamos con tal fuerza las elecciones parlamentarias (que tienen un proceso más difícil de manipular, porque son elecciones circuitales), ganamos de tan abrumadora manera, que el CNE tuvo que reconocernos el 67% de diputados a favor, es decir, la mayoría de las dos terceras partes.  Por eso no hubo ninguna elección en el año 2016 y La Habana prohibió el referéndum revocatorio, y no tuvimos manera de expresarnos.  Fue entonces cuando de La Habana llegó la idea “genial” de convocar inconstitucionalmente una asamblea nacional constituyente, preparándose ellos para ganarla a como diera lugar, y fue lo que hicieron.  Nosotros nos abstuvimos, teníamos que hacerlo para no legitimar la ANC.  El 30 de julio acudieron dos millones a votar por la constituyente, y las máquinas arrojaron un total superior a ocho millones, multiplicando por cuatro el resultado a su favor.  Fue cuando los técnicos de Smartmatic renunciaron, no sin antes denunciar el mega-fraude que hizo de la asamblea nacional constituyente un superpoder para eternizar la dictadura.

Ahora para este 20 de mayo ya Tibisay Lucena posee los resultados “irreversibles”, ante lo que luce innecesario dar otras razones para no votar.  En el supuesto negado de que ganase Falcón el 20 de mayo, tendría que inconstitucionalmente esperar ocho meses, hasta enero de 2019, para tomar posesión.  ¿Qué no harían en esos ocho meses?

Como si fuese poco, todas las fuerzas morales y éticas del país, en sintonía con la comunidad internacional, han declarado ilegítima esta elección, han solicitado suspenderla y han anunciado que no reconocerán los resultados.

A quienes de buena fe creen que vale la pena votar, aquí les dejo lo último dicho por los Arzobispos y Obispos venezolanos sobre la elección del 20 de mayo.  Dicen nuestros pastores que “hay que darle un rumbo distinto a esta historia de muerte”, que las elecciones presidenciales del 20 de mayo están “deslegitimadas”, y “lejos de aportar una solución a la crisis que vive el país, pueden agravarla y conducirlo a una catástrofe humanitaria sin precedente”.

PACIANO PADRÓN
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