Estamos bastante claros de qué es lo que hay que hacer para rescatar a Venezuela de su actual situación lamentable.  Para todo el que no tenga un interés muy personal de que continúe la actual situación parece que hay un consenso sobre lo que debemos hacer bajo el liderazgo de los pocos organismos que aún mantiene la legitimidad constitucional:

  • Ponerle fin a la Usurpación
  • Formar un Gobierno de Transición para que, en orden de prioridad,
    a) se atienda la crisis humanitaria que sufren la gran mayoría de los habitantes de la nación,
    b) se reduzca las fuerzas diversas de terrorismo y crimen organizado,
    c) se ponga a andar la recuperación política, económica y moral de la nación y de los venezolanos dentro y fuera de Venezuela.
  • Realizar elecciones libres, transparentes y democráticas para constituir un gobierno que sea, como lo definió nuestro Libertador,
    “… aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”.

Tenemos y contamos con las fuerzas y los poderes necesarios para lograr estos objetivos, pero no contamos con el tiempo, que está contra nuestra causa.  Estamos bien encaminados con la iniciativa de la Asamblea Nacional de declarar vacante la Presidencia y designar a su presidente como Presidente Encargado de la República, tal como prevé la Constitución. 

Nuestros peores enemigos son nuestras propias actitudes.  El desespero, la falta de unidad de acción y el interés de algunos factores de compartir el poder con el partido del presidente, sea quien fuera, tal como se hacía en la mal llamada Cuarta República.  Si no lo logramos en este año 2019, es posible que sigamos a nuestros hermanos cubanos: nos la arreglamos individualmente o nos adaptamos al estilo de vida que el régimen tiene a bien permitirnos.

Bajo el liderazgo del diputado Juan Guaidó hemos logrado reactivar la actividad de la Asamblea Nacional y la protesta no violeta y tener el apoyo de todos los países y organismos internacionales que profesan vocación por la libertan individual, el impero de la ley y el respeto a los derechos humanos.  Todos comparten nuestros objetivos, solo difieren en los métodos para lograrla.

Hay que elogiar también a quienes organizan las protestas que aunque ya no son tan nutridas como en años anteriores, se han mantenidas activas y no violentas en todo el país.  Se han mantenido bien organizadas y no violentas a pesar la crueldad desplegada por la usurpación, que no se han bastado con el asesinato en la calle y la detención, mal trato, tortura, desaparición y asesinato en los mismos lugares de detención.

Entre venezolanos debemos mostrarnos capaces de llegar a un consenso no solo en cuanto a los objetivos, sino también en cuanto a las maneras de actuar.  Mientras no se logre, debemos dedicar el 100% de nuestras luchas a lograr consensos, para que nuestros aliados del extranjero apoyen nuestras posiciones colectivas.  Debemos postergar todas nuestras luchas personales, grupales y partidistas hasta después que hayamos vencido a la Usurpación.  Las diferencias sobre cómo debemos lograr salir de la usurpación deben tratarse como aportes al debate y no como críticas al esfuerzo común.

Todo ataque público a un opositor a la Usurpación es un aliento para los que la explotan y defienden.

De necesitar la intervención externa, ojalá esta sea policial más que militar.  Y que el aporte de los Estados Unidos sea lo que ya está haciendo: presionar al usurpador por medios diplomáticos, con sanciones financieras y policiales a los dirigentes civiles y militares y mantener fuera del campo de batalla a Rusia, Cuba, Irán, Iraq, Turquía y, ahora también a Corea del Norte.

Debemos lograr de nuestros países aliados el apoyo de sus embajadas para facilitar la salida al exterior las familias de oficiales de las FAN.  Muchos oficiales se inhiben porque les tienen a sus familiares como rehenes.

Para poner el tiempo a nuestro favor, necesitamos proclamar una nueva narrativa, algo que nos de la emoción de una gran esperanza, mejor que la de volver a donde estábamos en 1998, ni siquiera a donde estábamos en 1980.  Decimos que éramos felices y no lo sabíamos.  Pero no era así.  No debemos olvidar que este desastre lo elegimos en 1993 y lo verificamos en 1998 porque no estábamos satisfechos con nuestra situación política, social y emocional.

No tenemos que caer en la tentación del populismo, hay suficiente evidencia de que podemos lograr a mediano plazo una gran combinación de libertad, prosperidad, justicia social y progreso moral y cívico.

El mundo está en el umbral de una nueva revolución, esta vez científica y tecnológica además de política, social y moral, que si la aprovechamos podremos realizar los sueños que abrigamos desde que dejamos de librar guerras mundiales y parecía ganada la “guerra fría”.

Le tocaba a la América Latina, con Venezuela en la vanguardia, alcanzar la posición en el mundo que nos corresponde por los valores morales tradicionales y por la bondad de la Providencia para nuestro continente. 

Unidos, y libres de las bandas de antisociales que han plagado a nuestras naciones, conscientes de explotar racional y soberanamente nuestros recursos naturales sin dañar el ambiente, podemos lograr en pocos años lo que el Padre de la Patria nos deseó:  La mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política.

Ya es tiempo.  Por nuestra mala maña de dejar las cosas importantes para después se nos atravesó el cáncer político y social que azota a Latinoamérica.

Tenemos más de 200 años en deuda con nuestros libertadores, militares y civiles, venezolanos y extranjeros.  Seguimos obligados a constituir una patria grande que nos garantice nuestro lugar en el planeta, en el que brillen nuestros filósofos, nuestros maestros, nuestros científicos, artistas, estadistas, teólogos, deportistas, comediantes, cocineros, moralistas, ministros religiosos y filántropos, y tantos otros oficios que están por aparecer.

Para asegurar nuestras soberanías, convoquemos desde ahora y por tercera vez, un congreso anfictiónico en el istmo panameño en el 2026, en el segundo centenario del congreso convocado por Bolívar y unamos las naciones hermanas en una sola patria grande.  Tendremos el respeto de todas las potencias del mundo, incluyendo las super potencias.  No tendremos que ser antimperialistas.

El Gobierno de Transición puede llevarse a cabo bajo la Constitución de 1999, haciendo solo las enmiendas que sean necesarias para mantener la estabilidad política y social y para lograr un proceso electoral que verdaderamente represente la voluntad de todos los venezolanos.

Al contrario, el Registro Electoral está bajo el control de la intervención cubana desde el año 2000.  Hay que empezar desde cero, exigiendo partidas de nacimiento o de naturalización y activar los consulados con mayor número de migrantes y refugiados venezolanos.

Debemos controlar la urgencia de realizar el proceso electoral.  Reconstruir el REP va a tomar tiempo y la campaña debe tener un profundo valor educativo sobre nuestros valores y costumbres cívicas, para que no volvamos a votar como lo hicimos en 1998.

La Venezuela que queremos.
Venezuela al frente, ajena a todos los vicios y conflictos del resto del mundo, con buenas relaciones con todos los pueblos del planeta y los gobiernos de buena voluntad.  Venezuela como un faro para todo el continente, por su ubicación geográfica, la puerta de entrada por aire y por mar del Norteamérica, Europa, norte de África y el Oriente Medio.

Organicemos las instituciones que sostengan una auténtica República en la que reine la Sociedad Cívica organizada como primer poder, poder soberano, poder originario de leyes y reglamentos.  Instituciones en las que todos los ciudadanos participen sin exclusión alguna, que nos aseguren a todos y cada uno de los habitantes de Venezuela toda la libertad necesaria para el desarrollo pleno de nuestra personalidad y para facilitar el desarrollo material de cualquier idea que beneficie a la humanidad

Combinaremos instituciones antiquísimas que están en nuestra estructura genética con las ciencias y tecnologías, incluyendo los últimos avances en robótica, inteligencia artificial, comunicaciones y manejo de megadatos, la genética, inmunología … usando rigurosos métodos científicos por los más calificados expertos.

Los últimos avances en la transmisión y el procesamiento de información nos permiten hoy en día llevar a cabo procesos políticos, administrativo, sociales y económicos que nos brinden niveles muy altos de seguridad personal y social, elevando nuestros niveles tanto de libertad como de igualdad.

Las futuras constituciones.  planes de la nación, convenios de cooperación internacionales no deben ser elaborados por grupos de expertos, partidos políticos, u otros grupos.  Deben ser la expresión de la mayor parte posible de todos los afectados.  Que no nos den a escoger entre el Plan A, B o C.  Si el plan B es escogido por el 40% de los afectados, el otro 60% no lo respetará como cosa suya, quizá hasta se oponga a que funcione.  Tratemos siempre de terminar con un plan aprobado por el mayor consenso, así tendrá la mayor probabilidad de éxito.

Debemos buscar procesos que reduzcan el tamaño y el alcance directo del Estado y garanticen la participación de todo el que quiera colaborar con la administración de la cosa pública.

– Armando Azpúrua – 27-8-2019

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