La democracia muere en la oscuridad
Traducción del inglés con Google

LA CRISIS de hace tiempo en Venezuela, que ha sufrido un colapso económico catastrófico aun cuando su régimen autoritario ha consolidado su poder, ahora se ha extendido a través de sus fronteras.  El presidente de la vecina Colombia, Juan Manuel Santos, dijo esta semana que el problema más serio de su país podría ser la afluencia masiva de refugiados venezolanos desesperados: más de 600,000 están ahora en el país, y miles más llegan cada día.  Decenas de miles de venezolanos han inundado la ciudad amazónica brasileña de Boa Vista, a 140 millas de la frontera.  Más de 60,000 tienen apelaciones de asilo pendientes en los Estados Unidos.

Este flujo de personas, que según las Naciones Unidas asciende a más de 1,1 millones de personas, es el mayor desplazamiento de personas en la historia de América Latina.  Pero los refugiados de Venezuela están atrayendo mucha menos atención o ayuda internacional que aquellos que huyen de Birmania o Siria.  Eso necesita cambiar

La razón del éxodo es simple: otrora orgullosos ciudadanos de la nación más rica de América Latina, los venezolanos ahora se mueren de hambre.  Una encuesta social publicada esta semana mostró que más del 90 por ciento dice que no tiene los medios para comprar alimentos suficientes, y el 61 por ciento dice que se van a la cama con hambre.  A pesar de que controla las reservas de petróleo más grandes del mundo, el régimen fundado por Hugo Chávez ha arruinado no solo la producción de petróleo, sino la economía en su conjunto, dejando a las tiendas sin alimentos y hospitales incluso sin medicinas comunes.  La inflación se dispara por encima de la tasa de 2.600 por ciento en 2017, y el homicidio rampante ha convertido a Caracas en una de las ciudades más peligrosas del mundo.

Para agravar la crisis está el rechazo del gobierno chavista, ahora encabezado por Nicolás Maduro, a aceptar la ayuda humanitaria, que describe como un medio para la invasión extranjera.  En lugar de tomar medidas básicas para alimentar a las personas o estabilizar la economía, el Sr. Maduro, guiado por asesores cubanos, se prepara para organizar una elección amañada para cada cargo oficial en el país en abril, lo que permitiría la eliminación de toda oposición política formal.  El año pasado el régimen ya sofocó un levantamiento en favor de la democracia con una represión masiva que provocó más de 120 muertes.

Las naciones latinoamericanas que durante años evitaron abordar el colapso de la democracia en Venezuela ahora están cosechando las consecuencias en una forma muy humana.  En primer lugar, está Colombia, que durante años se entregó al régimen chavista y ahora encuentra sus ciudades fronterizas invadidas por refugiados desesperados, algunos de los cuales se ven obligados a dormir en los parques y mendigar en las calles.  En un esfuerzo por detener la marea, el Sr. Santos suspendió los pases fronterizos de 1,5 millones de venezolanos y desplegó 2.000 soldados para bloquear las rutas de entrada informales al país.  Eso puede retrasar la llegada de refugiados, pero a costa de negar alivio a las personas que padecen hambre.

Santos dijo que su gobierno está listo para aceptar ayuda internacional.  Pero, aunque la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados está en el terreno en Colombia y Brasil, la respuesta no ha sido como la dedicada a atender a los refugiados de Siria o Birmania.  Muchos venezolanos encuentran refugio en su familia o amigos en otras naciones, pero como dijo el Sr. Santos, la cantidad de personas que necesitan ser atendidas está creciendo exponencialmente, y ningún estado tiene la capacidad de absorberla. Sin una solución a la crisis dentro de Venezuela a la vista, es hora de que Estados Unidos y otras naciones hagan más para mitigar su impacto externo.

– Consejo editorial The Washington Post – 20-2-2018
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Es evidente que el sector militar tiene mucha influencia en el futuro del país y que ellos pueden ayudarnos, no vamos a decir que no.
Todd Robinson, Encargado de Negocios de la Embajada de EE.UU. de A. en Caracas

El verdadero soldado no lucha porque odia lo que tiene delante, sino porque ama lo que tiene detrás.
G K. Chesterton, el Príncipe de las paradojas

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