El título de este artículo corresponde a la recia campaña electoral desarrollada, por el gobierno nacional para catapultar a su candidato, el expresidente de la República, Nicolás Maduro Moros, según el TSJ en el exilio.

El candidato gubernamental tiene asegurado, de antemano, su triunfo, como suele decir, “llueve, truene o relampaguee” y, no existe duda alguna, que obtendrá los 10 millones de votos prometidos, pues, el uso de los recursos públicos y el otorgamiento de limosnas asistencialistas, así lo evidencian.  Un caudal de votos comprados, cautivados por el hambre y la falsa creencia que tal situación de asistencialismo público se mantendrá por siempre, con lo cual se alimenta una sociedad parasitaria, enemiga del trabajo, pues, el trabajo honesto, honrado, no, la vagancia y la dependencia, debe ser el medio ideal que permite a las personas la obtención de ingresos para atender a las necesidades humanas.  Es con el trabajo creador, que se construye una sociedad desarrollada y de bienestar.  Lo demás, es, simple ilusión, fantasía pura. 

Los candidatos, supuestamente opositores, que acompañan a Nicolás Maduro en la contienda electoral, son unos ilusos, su papel en esta mamarrachada electoral no es otro que el de servir de comparsa al candidato gubernamental, legitimando con ello su continuidad en el gobierno, suerte de premio mayor por haber destruido la economía nacional y la venezolanidad en pleno.

Es verdaderamente triste y lamentable la conducta de los actores políticos nacionales de todos los signos, quienes, inexplicablemente, no han logrado entender y comprender la gran tragedia nacional.  El país revienta de rabia, de coraje, de inconformidad.  Con desesperación busca la manera de canalizar su malestar y no encuentra la vía adecuada, correcta, que, sin miedo, procure la estabilidad política y el encarrilamiento de la vida nacional por caminos o senderos diferentes.  Este, y, no otro, debería ser el quehacer de los actores políticos, en tanto instancias de mediación o intermediación de las demandas sociales de la población.

Es preocupante el destino del grupo de jóvenes, muchos de ellos parlamentarios actuales, que expusieron sus vidas a la violencia oficial y constituyeron la vanguardia de un pueblo sediento de justicia y deseos de vivir mejor, con bienestar, en paz y libertad.  A este grupo de jóvenes lo mató al nacer las organizaciones políticas de nueva y vieja data.  Hoy, son unos ancianos políticos, con una camisa de fuerza, impedidos de actuar, con lo que han decepcionado al pueblo que vio en ellos una nueva forma de hacer política en el país.  Igual, ha ocurrido con la juventud de los partidos oficialistas.  Muchachos a quienes se les ha marchitado tempranamente la esperanza en un mundo mejor.

La dirigencia política nacional está tan entrampada en sus contradicciones y tan ciega que no ha logrado comprender y, por consiguiente, explicar, el meta-mensaje contenido en la más reciente publicidad electoral del gobierno nacional desplegada en enormes vallas, sembradas a lo largo y ancho del territorio nacional.  A la imagen de Chávez y Maduro, se agrega la frase “juntos todo es posible”.  Ciertamente, con Chávez y Maduro, actuando en pareja, ha sido posible la destrucción nacional.  Maduro no ha querido que se le responsabilice a él y, solo a él, por la destrucción del país y la enorme crisis que estamos viviendo los venezolanos.  El dúo Chávez-Maduro son los cantantes, intérpretes y actores fundamentales de esta pieza teatral que es la gran tragedia nacional.

El mensaje publicitario hay que saberlo leer.  A los publicistas los traicionó el subconsciente, o, por el contrario, se sinceraron y han dicho lo que querían decir, por supuesto, no en forma abierta sino encubierta (meta-mensaje).  Han dicho lo que todo el mundo sabe y reconoce.  La culpa de la destrucción nacional no es atribuible a Maduro con exclusividad, sino compartida con Chávez.  Y, Chávez, está muerto, por tanto, no es un gran elector, mucho menos un portaavión electoral, como se pretende hacer ver.  Aquí se trata de inculparlo, como debe ser.  Chávez es tan responsable del caos nacional como lo es Maduro. En un proceso electoral normal, Maduro no obtendría el voto ni de él mismo.  Es tal el rechazo popular que el CNE le va a costar trabajo asignarle los votos del triunfo; pero, en su preparación, ya se hizo un simulacro de votación para adicionar los votos simulados a los que obtenga el 20M.  Garantía de triunfo seguro.  La población debe desentenderse del asunto electoral.

Absalón Méndez Cegarra – 12-5-2018

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