BCV Bandera


El Wall Street Journal ha confirmado que la División de Manejo de Activos de Goldman Sachs le ha comprado al Banco Central de Venezuela (BCV) un bono emitido en oscuras circunstancias por la estatal PDVSA en el año 2014 y que, presumiblemente, en una triangulación con el Banco de Venezuela y el BCV, terminó siendo cedido a este último como pago por deudas contraídas por la petrolera con el instituto emisor. Así, una deuda que se mantenía como intergubernamental, ha pasado a ser deuda pública externa. Con la operación, Goldman Sachs ha pagado, por una emisión cuyo valor facial es de 2.800 millones de dólares, sólo 865 millones. Es decir, ha comprado la emisión por 30% de su valor. En el año 2022, o antes (si así los establece el contrato), cuando PDVSA deba honrar los compromisos por esa emisión específica, deberá pagarle al tenedor del bono los 2.800 millones de dólares, sin contar los cupones que a razón de 6% al año devenga el instrumento.

Para que cada venezolano lo entienda clarito. El BCV consigue 865 millones de dólares en cash para salirle al paso no sabemos a qué compromisos, y PDVSA debe pagar 2.800 millones dentro de 6 años a los tenedores. La operación equivale a salir al mercado internacional ofreciendo una tasa de 35% cuando la tasa Libor a 12 meses es de apenas 1,72% ¿Cómo explicar lo que en perspectiva parece un abismal disparate con serias consecuencias para las finanzas de la República? Pues bien, el gobierno de Nicolás Maduro necesita con urgencia billetes verdes para financiar compras en el mercado internacional. Lo hace directamente a través de un conglomerado de empresas públicas creadas para ese fin a una tasa de cambio de 10 bolívares por dólar, o asigna los recursos a través del Banco Central por el recién refrescado mecanismo de subasta, DICOM, a una tasa que presumiblemente va a fluctuar entre 1.800 y 2.200 bolívares por dólar. Pero tratándose de una de las economías peor manejadas del mundo, sumida en un conflicto político y en un gravísimo problema de gobernabilidad, cuya recesión se proyecta además hacia su cuarto año, con una caída acumulada del producto estimada por las agencias internacionales de 25%, con la inflación más alta de planeta y con una carga por servicio de deuda que anualmente succiona más de 40% de los ingresos por exportaciones petroleras; pues la comunidad financiera internacional, por usar una descripción elegante, castiga el altísimo riesgo y el pésimo desempeño económico comprando estas emisiones a precios ridículos y vergonzosos.

Los 865 millones que obtiene el BCV y en su defecto el gobierno del presidente Maduro, pueden servir para muchas cosas. Para comprar comida en el exterior, para comprar más armamento militar a los gobiernos de Rusia y China, como bien anunció el Jefe de Estado en un amenazante discurso en el acto de salutación de fin de año de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) en el estado Carabobo. También pueden ser la fuente de recursos para la compra de nuevos equipos antimotines (bombas lacrimógenas, cartuchos antimotines, municiones, escopetas, carabinas lanza gas, ballenas y vehículos blindados), que en manos irresponsables se han convertido en instrumentos de muerte y de terror, en definitiva, en flagrantes violaciones de los derechos humanos.

Veamos cómo circula y para qué sirve en cada caso el dinero de Goldman Sachs. Según un trabajo de investigación del equipo de investigación del El Estímulo una caja con productos alimenticios importada por el gobierno y distribuida por los CLAP cuesta 22 dólares en México. Esto sin incluir flete y transporte. La caja es vendida en Venezuela por 10.000 bolívares (aunque su precio se ha venido ajustando en las últimas semanas), así que el importador bien conectado poniendo como capital inicial 10.000 bolívares (más o menos 2 dólares en el mercado paralelo), se arrima a las autoridades cambiarias y obtiene, a tasa DIPRO, 1.000 dólares. Con 1.000 dólares no trae una caja, sino 45 cajas que eventualmente puede vender a 10.000 bolívares cada una, para sumar al final del día 450.000 bolívares. Con 10.000 bolívares se pueden hacer 450.000 bolívares en un instante. Alternativamente, puede sólo traer una caja y dejar sus 978 dólares restantes en su cuenta en Antigua y Barbuda o en las Islas Caimán.

No es muy distinto si es con equipos para la represión, en cuyo caso el importador pacta la compra de los equipos a dólar libre, digamos por 1.441.000 dólares, entrega a las autoridades cambiarias venezolanas el equivalente que son 8.650 millones de bolívares y recibe del CENCOEX, a la tasa de 10 bolívares por dólar, 865 millones de dólares. Es decir, por algo que cuesta a dólar libre cerca de 1 millón y medio de dólares, el astuto importador recibe los 865 millones de Goldman Sachs.

En teoría, un verdadero desfalco para la nación. No hay “commodity“, legal o ilegal en el mercado internacional que ni remotamente ofrezca estas grotescas ganancias ¿Es acaso eso posible? Sí, la estructura para hacerlo sigue montada en Venezuela.

Pero volvamos al instrumento de la desgracia: El “bono fantasma” PDVSA 2022, como es conocido en los círculos financieros. Hay quienes pueden sentirse confundidos por la emisión que inicialmente hizo PDVSA en febrero del año 2011 de unos bonos con vencimiento en 2022 y que se hizo de conformidad con la regulación S y la regla 144A del Securities Act de los Estados Unidos. Esa emisión circula en los mercados secundarios a nivel internacional con un cupón de 12,75%, luego de que fue colocada en el mercado local pagadera en bolívares a la tasa de 4,3 bolívares por dólar. En contraste, el “bono fantasma”, no fue el resultado de una convocatoria de oferta pública hecha por PDVSA, sino fue más bien una emisión privada, no registrada en la Ley de Títulos Valores de los Estados Unidos, sin precio de mercado de referencia y asentado por un tiempo en los balances del Banco Central de Venezuela ¿Cuál es la legalidad de éste instrumento? ¿Por qué el BCV vendió el bono a un precio que muy probablemente le generó una pérdida patrimonial? ¿Cómo es posible que PDVSA termine asumiendo un coste de endeudamiento, oneroso, grotesco y no visto en los mercados emergentes? Estas son sólo las preguntas iniciales de una investigación que merece ser hecha.

Finalmente, Goldman Sachs. ¿Qué más se puede decir de Goldman Sachs que no esté escrito? Robert Rubin, John Corzine, Henry Paulson, Rahm Emanuel, Robert Homas, Sephen Freidman, Diana Farrell, Philip Murphy, Mark Patterson, Gregory Craig, todos gerentes de GS que terminaron como agentes del gobierno del expresidente estadounidense Obama. La lista de Trump es más corta, pero no menos importante, comenzando por James Donavan, Gary Cohn, la hermosa Dina Powell, Steven Mnuchin y el Jefe de Estrategia de la Casa Blanca, Stephen Bannon. Al final, el mundo sigue siendo la marioneta de Wall Street.

Leonardo Vera – 2-6-2017

http://prodavinci.com/2017/05/29/actualidad/el-bono-fantasma-y-el-dinero-de-goldman-sachs-por-leonardo-vera/

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