Enrique Prieto Silva

Mientras el mundo padece por los ataques de los supuestos hijos de Dios contra los infieles, en Venezuela tenemos que continuar nuestra obra y lucha por descartar las malignidades iniciadas por el “difunto” y su estúpido “socialismo del siglo XXI”, que sin darse cuenta y por su ignorancia, aparecemos incluidos en el listado de los países forajidos, que sin son ni ton, tenemos que vivir de rodillas ante la ingente y desgraciada economía que nos ha transmutado a la indigencia atroz.  Pero para mayor desgracia, los pancistas adoradores del “eterno”, han querido imponernos el peor gobierno que esta patria recuerde.  Pero más que la estupidez, su testarudez raya en el límite de lo increíble: una férula tiránica, capaz de adorar a un personaje de ficción, como si de un atorrante faraón se tratara.  Nunca nuestra paz fue más precaria, ni más sonso nuestro orgullo patriota.  La fantasmagórica sarta de pendones procera en “Los Próceres”, es el peor ritual que haya tenido la República, desde la Independencia.

Pero no solo el galardón del infinito descaro salvaje, fue la herencia militarista que nos dejó Chávez, sino que, sin descaro, vemos como su herencia malhechora amenaza nuestra esperanza de recuperación, y lamentablemente, tenemos que acudir a la oración, para pedirle a Dios y a la Virgen, que nos dé el aliento y la sabiduría necesarios para salir de la penuria, y poder ofrecerle un hálito de esperanza a nuestra juventud amedrentada. 

Es increíble la estupidez, pero hoy queremos referirnos a la última ocurrencia: recuperar la pérdida petrolera, mediante una intensa explotación minera, en lo que han llamado “Arco Minero del Orinoco”.  Un recurso que todos conocemos, y que hemos estudiado siempre con preocupación, ya que el daño del factor minero al medio ambiente es harto conocido.  Su efecto es internacional y ha dejado huellas en muchos países y regiones del mundo.  De mayor gravedad, que se quiere hacer mediante el uso arbitrario de empresas extranjeras, cuando se ha minimizado la acción protectora del medio ambiente, al eliminar el ministerio que vino especializando su cuidado desde hace mucho tiempo y que politizado se le asignó la desventura de una maltratado “ecosocialismo”, que no es más que una parodia burda para simular apariencias. ¨[2]

Es una situación que se explica en parte por el proceso acelerado de crecimiento y expansión de los sistemas económicos de producción, los cuales reportaron al país numerosos beneficios materiales, pero también daños considerables a los recursos naturales y a la ecología humana, debido básicamente al carácter anárquico que ha asumido el desarrollo de la Venezuela petrolera, frente al ambiente, lo que hoy se agrava con la posible sobrexplotación de los recursos mineros, en este denominado “Arco Minero del Orinoco”, el que debemos entender como el medio más reciente creado por el gobierno “bolivariano”, para obtener recursos económicos que permitan paliar la extravagante miseria a la que fue conducido el país por la errada política económica y financiera proyectada por el equivocado Plan de la Patria.

El proyecto del Arco Minero del Orinoco tiene su origen en un plan de explotación minera al sur del rio Orinoco, bautizado con este nombre por el difunto presidente Chávez, que, si no va acompañado de un eficiente programa de control ambiental, como lo establece la Constitución, pondrá en peligro la mayor fuente de recurso hídrico del país, parte del pulmón amazónico del mundo.

El “Arco Minero del Orinoco”, oficialmente Zona de Desarrollo Estratégico Nacional Arco Minero del Orinoco, es un área rica en recursos minerales que el gobierno de Nicolás Maduro pretende explotar; ocupa mayoritariamente el norte del estado Bolívar y en menor proporción el noreste del estado Amazonas y parte del estado Delta Amacuro que según su estudio proyectivo, cuenta con 7000 toneladas de reservas de oro, cobre, diamante, coltán, hierro, bauxita y otros minerales.  Abarca un área de 111.846,86 km², es decir 12,2 % del territorio venezolano; duplicando a la faja petrolífera del Orinoco atraviesa selvas como el Imataca, La Paragua y El Caura, y las cuencas de los ríos Orinoco y Caroní.  Según información del ministro de Desarrollo Minero y Ecológico, el arco minero del Orinoco tiene un potencial de unos 2 trillones de dólares.  Su formalidad legal apareció el miércoles 24 de febrero de 2016 en el decreto 2.248 de la Gaceta Oficial 40.855, donde se materializa la creación de Zona de Desarrollo Estratégico Nacional Arco Minero del Orinoco.  Decreto el cual incluye la certificación y cuantificación de las reservas mineras de esta zona, convirtiéndose en el denominado Motor Minería de la Agenda Económica Bolivariana, en el cual posteriormente el general Vladimir Padrino López, ministro de la defensa anunció el 5 de agosto de 2016 que “se activará la unidad especial para el Arco Minero del Orinoco” y posteriormente, el 7 de septiembre de 2016, el ministro para el Desarrollo Minero Ecológico, Roberto Mirabal, informó que empezó la etapa de exploración del arco minero del Orinoco y señaló que “toda transnacional en el arco minero debe cumplir las leyes del Estado”, no obstante sabemos que nunca se cumplió la necesaria aprobación por parte de la Asamblea Nacional, no solo del proyecto sino de las contrataciones de empresas extranjeras.

Esta realidad debe crear una alerta al país, ya que los estudios históricos sobre el tema han dejado claro que este sistema económico es en parte responsable del evidente deterioro ambiental que presenta hoy el país y de la merma de los recursos naturales, que se agudizada cada vez más por la inadecuada distribución territorial de la población y la explotación irracional del medio físico.

Sin dudas, la explotación minera pudiera ser la salvación económica, dada la ingente riqueza con que contamos, pero la desventura de un mal gobierno, que ha hipotecado la patria, solo malos augurios podemos esperar.  En nuestros estudios analizamos el problema, por lo que no podemos dejar de crear la alarma necesaria.  Entendemos que la explotación minera es necesaria, y que, ante el deterioro ecológico sufrido por la naturaleza en el pasado, muchas veces irreversible, el hombre ha conseguido fórmulas de explotación y recuperación de suelos y flora, que permiten mantener el equilibrio ecológico, por lo que en un intento ecologista y conservacionista, nos esforzamos en crear conciencia, para evitar que sigan utilizando técnicas destructivas, sin la reacción recuperadora de los suelos que necesariamente tienen que ser intervenidos para la extracción del mineral.  En Venezuela, la explotación minera no ha tenido un tratamientocientífico programado, a excepción de los sistemas y procedimientos utilizados por pocas empresas transnacionales que explotan reservorios de minerales en algunas regiones del país, y algunas que explotaron los principales yacimientos de hierro, oro, bauxita y otros minerales no estratégicos, algunas de las cuales fueron nacionalizadas, mediante los procedimientos de expropiación especial que siguieron especialmente las nacionalizaciones del hierro y de los hidrocarburos.  Por ello, sin oponernos a ultranza a la explotación minera, creemos que ni el estudio ni el plan que se ha hecho, ha cumplido con los parámetros del estudio del impacto ambiental, ni se ha tomado en cuenta el valor estratégico de la Zona, que, aparte de la gran reserva mineral, acumula el mayor reservorio de agua del país.  Elemento estratégico que, por su escasez, amenaza la paz del mundo.  No creemos en este gobierno incapaz.

En Venezuela, la explotación minera no ha tenido un tratamiento científico programado, a excepción de los sistemas y procedimientos utilizados por pocas empresas transnacionales que explotan reservorios de minerales en algunas regiones del país, y algunas que explotaron los principales yacimientos de hierro, oro, bauxita y otros minerales no estratégicos, algunas de las cuales fueron nacionalizadas, mediante los procedimientos de expropiación especial, que siguieron especialmente las nacionalizaciones del hierro y de los hidrocarburos.  Hoy, a consecuencia de la crisis económica surgida después de la pérdida del valor del petróleo, se han incrementado planes para el inicio de un plan de explotación de minerales, con la idea de transformar esta actividad en una fuente de ingresos, en sustitución de lo que ha sido hasta ahora la dependencia económica del petróleo.

Amenazas a la Diversidad Biológica
Ante tal circunstancia, recientemente, como medio para obtener recursos económicos que permitan paliar la extravagante miseria a la que fue conducido el país por la errada política económica y financiera proyectada por el equivocado Plan de la Patria, se ha originado este proyecto de explotación minera al sur del rio Orinoco, en lo que fue llamado el “Arco Minero”, que, si no va acompañado de un eficiente programa de control ambiental, pondrá en peligro la mayor fuente de recurso hídrico del país, parte del pulmón amazónico del mundo.

Este grave problema obliga a plantear soluciones urgentes, incluyendo la formulación de estrategias y planes de acción, que contribuyan a estimular y coordinar actividades conservacionistas, que deben contener, entre otras soluciones, el cambio de los esquemas económicos que desvirtúan los diferentes valores de la biodiversidad, entendiendo que es la diversidad biológica una de las amenazas a considerar, ya que esta disminuye en la medida en que se transforman los hábitat naturales, muy especialmente, cuando se talan los bosques tropicales.  Por otra parte, la desaparición de los hábitats lleva consigo la desaparición de las especies o de una parte de la variación genética dentro de ellas, todo ello como consecuencia de la expansión de las poblaciones humanas y de sus actividades, principalmente; y más que esto, su necesario fundamento para lograr mantener el equilibrio ecológico.

Isabel Hoyos (1990), expresa que la mayoría de las especies, tanto vegetales como animales, se localizan en las regiones tropicales y subtropicales, donde también se encuentran las naciones en vía de desarrollo.  En estos países, los deterioros ecológicos se suceden en gran escala y con gran rapidez, impulsados por las necesidades básicas de subsistencia, la ignorancia y la visión del recurso únicamente a corto plazo.  Por otra parte, estas regiones padecen de problemas sociopolíticos complejos y crisis económicas que estrangulan como la deuda externa, que en conjunto atentan contra la salvaguarda de las áreas naturales, ya que no se dispone de fondos suficientes para el manejo racional y la vigilancia adecuada para su conservación.

En el caso de Venezuela, los estudios “Romero 1990”, indicaban que para 1985 ya se había perdido el 25% de toda la cobertura vegetal.  Así mismo, se pronosticó que, a la tasa de deforestación de ese momento, estimada en 0,4 % anual; haciendo proyecciones respecto al crecimiento poblacional del país, se estimó en 5,5 % anual.  También se estimó para el año 2.000 la destrucción en el orden del 50 % y para el 2.015, llegaría al 75 %; y aunque pareciera que no se ha cumplido este pronóstico, el abandono o degradación de los sistemas de protección del medio ambiente en el país, es un indicio de que el fenómeno puede agravarse para el futuro.

Justificación de la minería ilegal
Cualquiera que sea el argumento para justificar al proyecto “Arco Minero del Orinoco”, tiene sus patas cortas y se ubica en un engaño real e injustificable.  Nunca puede ponerse la minería por encima de la obra de Dios dada al hombre de trabajar la tierra para el sustento, cuando hemos tenido y tenemos un recurso como el petróleo, que en los albores del siglo XX transformó y desarrolló a la sociedad del mundo, pero que hoy es cuestionado por el aparente daño que genera como el calentamiento global.  Obviamente, es inexplicable la tesis de este rotundo fracaso llamado “socialismo del siglo XXI”, que como se ha dicho, fue un espasmo ignorante del infeliz personaje Hugo Chávez, que fuera [3] como bandera por muchos intelectuales anti políticos de la gesta decana de los 80’ y 90’, aupados y velozmente panceados por militares ignaros, que aún conservan el pedigrí que creen ser de mérito plausible, no obstante ayudaron a destruir la patria democrática renacida en el corto período de 40 año de gobiernos civiles, después de las largas décadas el militarismo nacido con las acciones independentistas.

 Nunca podrá ser bienvenida la minería ilegal o rústica legalizada como esta del arco minero, si recordamos y mantenemos en mente el daño iniciado en la zona de este súper teatro de la ignominia, que nos ha arrebatado parte del gran reservorio de agua del país y de la América del Sur, no por su explotación minera, sino por la irracionalidad con que se ha realizado, solo por el avaro intento de extraer la riqueza para la demagogia política y el engaño de las masas que se aventuran a esta odisea miserable.

La explotación minera ilegal
En la historia de la actividad minera en Venezuela, es a partir de 1960, cuando la explotación adquiere características y dimensiones mayores y de gravedad, al dispersarse en la zona los explotadores, utilizando maquinarias y equipos de mayor poder destructivo.  Estos mineros se ubicaron en las cuencas de los ríos Caroní, Paragua y Carrao, estimándose entonces unas 15.000 personas.

Más tarde, se ubican en las cuencas de los ríos Cuchivero, Guaniamo y Quebrada Grande, cuando aparece y se populariza “la bulla”, que atrae grandes masas de personas desde diferentes partes del país.  Se estima que se instalaron en la zona, unas 30.000 personas.  En esta misma época, aparece la bulla de San Salvador de Paúl, que vino a completar la concentración de personas, muchas de ellas aventureros trasladados de las otras zonas de la misma región.

A partir del 15 de febrero de 1977 al promulgarse el Decreto 2.039 que prohibió el sistema extractivo del “libre aprovechamiento”, solo se consideró legal la explotación mediante el sistema de concesiones, según la ley.  Sin embargo, los concesionarios, muchos de ellos desconocedores de la materia, abusando de la tolerancia o ignorancia de nuestras autoridades, realizan explotaciones mediante el mismo derogado procedimiento del libre aprovechamiento, dando en arriendo dentro de su concesión, áreas pequeñas a los mineros ilegales, quienes pagan el arriendo mediante el aporte de un porcentaje del mineral extraído.

Los garimpeiros
A comienzos de la década de los 90’apareció con renombre la figura, que por mucho tiempo llenó grandes centimetrajes en la prensa nacional, los llamados “garimpeiros”, cuya terminología se traduce en “buscadores de oro”.  Igual que en Venezuela, el minero brasileño llevado por la grave situación económica y social del norte brasileño, cuya cantidad se estima en número de 1.000.000.

Estos mineros, llamados garimpeiros o de la garimpa, se internan en la selva fronteriza con Venezuela, con la consigna: “El pobre tiene dos salidas: ganarse la lotería o arriesgarse como minero…”.  Así han penetrado y se han apoderado de las minas del estado de Roraima, cuya riqueza minera fue estimada para la última década del s xx en el orden de los 50 mil millones de dólares.  En la misma zona, se movilizan unos 9.000 indios yanomani, quienes sin nacionalidad deambulan y emigran en la zona de la Amazonia, en la cual se incluye el territorio sur de Venezuela.

Desde 1987 comenzó un flujo continuo de millares de estos mineros hacia la sierra de Surucucú, ubicada dentro del Parque Roraima, el cual fue creado el 1/3/89 al oeste de Venezuela y suroeste de la Amazonia Brasileña.  Para su incursión, utilizan todas las vías disponibles: camino, ríos y trochas por la espesa selva, o mediante vía aérea, utilizando pistas de hasta 200 mts.  En los estudios sociales nacionales e internacionales, se ha determinado que esta situación ha sido causada por el abandono que ha hecho de su misión el INGRA, (Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria de Brasil).

La actividad ilegal y desorganizada de estos mineros brasileños, se inició en las Minas del Mato Grosso al sur del Para; luego continuó en Sierra Pelada, hasta fecha posterior cuando se internan en el estado Roraima, al descubrir oro en este estado; y finalmente, en las tierras de los Yanomani, en las márgenes del Río Cuoto de Magalhaes al oeste de Boa Vista.

En nuestro país, luego de ubicarse estos buscadores de oro en zonas limítrofes con la República Federativa del Brasil, al conocerse su origen de este país vecino, afloraron los nacionalistas, con mayor fuerza que los ecologistas; quienes ubicaron el problema, más como una penetración de extranjeros a través de nuestras fronteras, que como una acción depredadora del sistema venezolano.  En este sentido, ubicaron el problema dentro de la esfera de “la seguridad y la defensa nacionales”, lo cual motivó el uso de las Fuerzas Armadas en funciones militares, que normalmente corresponden como función propia y legal a la Guardia Nacional que, de derecho, es parte integrante de ellas.

Mientras tanto, como medida preventiva se ha hecho necesario racionalizar y organizar dentro de los parámetros legales la explotación por cuanto ha sido difícil hacer cumplir la Ley de Minas, sin embargo, el gobierno no ha tomado medidas acertadas para controlar el problema, que ha causado críticas situaciones por el daño que se ha hecho a la cuenca de los ríos que alimentan la generación eléctrica del país.

No puede dejarse de entender, que las cuencas de los ríos Caroní, Caura, Paragua y Carrao, entre otros, constituyen fuente originaria de recursos naturales, renovables y no renovables, que son de hecho recursos estratégicos de Guayana y del País; útiles y necesarios para su desarrollo integral y sostenido.  A lo que debemos agregar, que gran parte de la Región de Guayana, está constituida por áreas de gran fragilidad ecológica, donde existe el 80% del total generador de agua potable del país.  Además, la cuenca del río Caroní y su afluente el Paragua, constituyen la fuente principal de energía eléctrica no contaminante, económica y prácticamente inagotable del país, donde se han detectado altos niveles de contaminación tanto de las aguas y de la fauna de los ríos de la zona, con mercurio y otras sustancias dañinas a la salud.  Zona donde concurren grandes masas humanas incontrolables, que se internan en las áreas boscosas de la región, sustraen cantidades desconocidas de mineral, que venden en el país o a compradores del exterior, sin control del Estado.

Un factor que agrava la situación es el uso indiscriminado que se hace de bombas de agua de aspersión y dispersión, para presionar sobre las capas del suelo y subsuelo a los que además de invertirles sus horizontes, arrastran con ellos la flora, lavan y arrastran grandes volúmenes de tierra que conducen a los lechos de los ríos, donde se viene produciendo unas incontrolable sedimentación, que ha cambiado el curso de muchos de ellos, produciendo además constantes inundaciones, destrucción masiva de áreas boscosas, especialmente en zonas adyacentes a las márgenes de los ríos (zonas protectoras), que produce una presión directa e indirecta sobre la fauna de la zona, la que se ha venido diezmando o cambiando de hábitat, con los consecuentes desequilibrios ecológicos.

Otra gravedad es que, a pesar de las nuevas leyes promulgadas para la ordenación del territorio, la gestión del bosque, la gestión de las aguas y de la tierra, la minería ilegal sigue ocupando tierras de propiedad del Estado, de los municipios y particulares, suplantando por cambio de actividad o por presión, las pocas áreas de cultivo agrícola y ganadera existente en la zona.

Otro factor es el irracional tratamiento que se hace del indígena y de sus espacios, lo que ha venido produciendo la invasión de sus espacios y la suplantación de los indígenas por los mineros ilegales y por los garimpeiros, quienes les persiguen u obligan a abandonar sus actividades y hasta sus zonas seculares de vida, aunque algunas etnias se incorporan también a la actividad ilegal.

Incide también la acción demagógica de los sindicatos y de los partidos políticos, que han tomado la dirección de la actividad administrativa minera, la contratación y el cooperativismo, con bandera para el proselitismo y el mantenimiento de las masas desempleadas y los vagos aventureros, que se amparan en los partidos para su “modus vivendi”.

El daño ecológico de la minería
Se entiende, que la actividad minera obliga a la intervención, muchas veces destructiva de los suelos, pero no necesariamente esto conlleva a su destrucción, toda vez que el desplazamiento temporal de las capas de suelo, reacomodadas de nuevo en su lugar, permitirían recuperarlos y permitirían consecuencialmente, la recuperación de la flora y de la fauna.  Pero es evidente que, sin estas precauciones, se produce la destrucción masiva de los suelos y con ellos, se desplaza la capa vegetal, que generalmente va al lecho de los ríos, riachuelos y quebradas, lo que impide la recuperación, transformando la zona en desiertos.

Es tanto más grave, la destrucción masiva de áreas boscosas, especialmente en zonas protectoras adyacentes a las márgenes de los ríos lo cual pone en peligro el caudal de los mismos, y en las pendientes montañosas, que las ponen en peligro de la erosión.  Situación ésta que se agrava, no solo con la remoción, sino con el lavado indiscriminado de grandes volúmenes de tierra, que a consecuencia directa de la destrucción de grandes superficies de suelos, se les invierten los horizontes, para luego presentar características físicas y químicas que no permiten el desarrollo normal de vida vegetal, por lo que los suelos quedan expuestos a la erosión.

Esta situación es más grave en la región guayanesa, si se considera que gran parte de las explotaciones mineras, están ubicadas en formaciones pertenecientes al macizo guayanés, cuya fragilidad ecológica es reconocida, a la cual se unen el daño a los cursos de aguas por la contaminación, la excesiva sedimentación y la pérdida de su curso natural, producto del entrabamiento y el desvío de riachuelos y quebradas.

Estudios que se han realizados en las aguas del río Cuyuní, en las quebradas La Amarilla y Las Claritas, han demostrado que existe una acendrada contaminación y un acelerado proceso de sedimentación en las referidas aguas, lo cual va en perjuicio de las poblaciones ribereñas ubicadas aguas abajo, especialmente las indígenas.  Según un informe bacteriológico en estos tres cursos de aguas, existe una considerable contaminación de microorganismos coliformes de origen fecal, cuyas consecuencias son obvias al utilizarse el agua en forma directa para el consumo humano.

Por otra parte, además de esta contaminación con materias orgánicas, se presenta una contaminación peligrosa, por la descarga de grandes cantidades de mercurio utilizado para separar el oro, en los cursos de las aguas, cuyo daño, conocido científicamente, no ha sido analizado ni local, ni nacionalmente.

Es también notoria que, la presión directa ejercida por estos grupos o poblaciones mineras, sobre la fauna silvestre, para efectos de alimentación y comercialización, a la cual se une la destrucción de su hábitat, que pone en peligro de extinción, tanto local como nacionalmente, algunas especies de animales y vegetales, con el agravante de que muchas de estas especies solo son localizadas al sur del rio Orinoco.

El impacto ambiental de la minería
En Venezuela, la previsión del daño ecológico que produce la minería es una obligación constitucional.

Según la Constitución, su artículo 129 expresa: “Todas las actividades susceptibles de generar daños a los ecosistemas deben ser previamente acompañadas de estudios de impacto ambiental y socio cultural.  El Estado impedirá la entrada al país de desechos tóxicos y peligrosos, así como la fabricación y uso de armas nucleares, químicas y biológicas.  Una ley especial regulará el uso, manejo, transporte y almacenamiento de las sustancias tóxicas y peligrosas.  En los contratos que la República celebre con personas naturales o jurídicas, nacionales o extranjeras, o en los permisos que se otorguen, que involucren los recursos naturales, se considerará incluida aun cuando no estuviera expresa, la [4] obligación de conservar el equilibrio ecológico, de permitir el acceso a la tecnología y la transferencia de la misma en condiciones mutuamente convenidas y de restablecer el ambiente a su estado natural si éste resultara alterado, en los términos que fije la ley”.

El daño económico en la minería
Por la falta de control y por el desorden irracional en las explotaciones, el mineral aurífero y diamantífero obtenido por los mineros independientes, y en cierta forma también, el obtenido por los concesionarios, en su gran mayoría escapa a los controles del Estado y es sacado de la zona y del país, sin pagar los impuestos correspondientes.  Existe en esta materia un vacío legal e institucional, que impide ejercer los debidos controles.

Además del daño ecológico que hemos mencionado, por encontrarse la mayor parte de las explotaciones mineras, en áreas pertenecientes a las reservas forestales de Imataca y La Paragua, el Parque Nacional Canaima y en las cuencas hidrográficas de los ríos Caroní, Caura y Orinoco, con su gran ramaje de afluentes; se corre el riesgo de dañar las fuentes de agua más importante del país, donde se ubica el 80% del total de las aguas potabilizables con que cuenta Venezuela.

Es cierto que los ecologistas han sido desconsiderados en su interpretación del daño ecológico y por ello se han opuesto sistemáticamente a la extensión y auge de la actividad minera en las áreas protegidas, al no conocer o desestimar los avances tecnológicos en materia de recuperación de áreas intervenidas, pero mientras no se tomen en cuenta y cumplan las acciones conservacionistas que conllevan la explotación de las minas, y mientras no se obligue al uso de métodos y técnicas que no causen daños irreversibles, como lo es la extracción minera mediante el sistema de bombas de presión, que arrastran la capa vegetal y los nutrientes de los suelos, hasta el lecho de los ríos y de allí al océano, deben implementarse y mantenerse medidas conservacionistas vigilantes.

El minero debe entender la necesidad de ejercer su actividad en forma racional y tecnificada, dentro de la cual, el impacto ecológico o ambiental sea mínimo y controlable desde el punto de vista técnico.  Es ésta la base del desarrollo sostenible ecológicamente y también lo es del desarrollo sostenido, toda vez que, todos los recursos naturales son necesarios.  No podemos explotar un recurso, deteriorando a los demás.

El ecosistema Guayana presenta la Zona Protectora Sur del Estado Bolívar, con una fragilidad tan grande como la riqueza minera de su subsuelo, ubicada geológicamente dentro de los sedimentos de la formación Roraima.  Este ecosistema está conformado por el llamado “Escudo de Guaya”, el cual está constituido por rocas ígneas y metamórficas, pertenecientes a la Era Geológica del Precámbrico, donde la mayor parte de las intrusiones son del tipo granítico.  Esta extensa región, constituye, aproximadamente, la mitad de la superficie de Venezuela.

En la actualidad se presentan como principales potenciales centros de desarrollo minero los ubicados al norte del Estado, que ocupan gran parte del área protegida de la Reserva Forestal Imataca, en una extensión aproximada de 500 hectáreas, territorio ubicado en el área seleccionada e incluida en el decreto del arco minero. 

Sin dudas, la explotación de los recursos mineros es uno de los medios con que cuenta el Estado para lograr aumentar la economía, como lo hacen gobiernos de otros países, inclusive en nuestra América Latina, pero como se quiere hacer en Venezuela, de manera violenta y de forma inconstitucional para justificar un rápido crecimiento de la economía, en un proceso acelerado de crecimiento y expansión de los sistemas económicos de producción, donde ya anteriormente reportaron al país numerosos beneficios materiales, pero también daños considerables a los recursos naturales y a la ecología humana, debido básicamente al carácter anárquico que ha asumido el desarrollo de la Venezuela petrolera, frente al ambiente, solo nos pone a pensar en el dantesco daño ecológico sin control, con la posible sobrexplotación de los recursos mineros, en este denominado “Arco Minero del Orinoco”.

Como hemos expuesto, ya es experiencia vívida el proceso pasado y presente, que en gran parte es responsable del evidente deterioro ambiental que presenta hoy el país y de la merma de los recursos naturales, que a su vez agudizada cada vez más la inadecuada distribución territorial de la población y la explotación irracional del medio físico.

El Arco Minero del Orinoco lo consideramos un grave problema que obliga a plantear soluciones urgentes, incluyendo la formulación de estrategias y planes de acción, que contribuyan a estimular y coordinar actividades conservacionistas, que deben contener, entre otras soluciones, el cambio de los esquemas económicos que desvirtúan los diferentes valores de la biodiversidad, el deterioro de los recursos naturales, la contaminación del recurso natural más preciado, el agua, que para los ecologistas, pensadores y sabios del mundo, ya iniciado la peor de las guerras del planeta.

– Enrique Prieto Silva

@Enriqueprietos – www.venecologia.com – www.prietosilva.com

 

http://www.frentepatriotico.com/inicio/2018/02/15/el-arco-minero-del-orinoco/

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