Estamos viviendo días de parto.  Concretar el cambio es obligación que exige unidad de acción y participación de todos.  Hasta la hora en que esto escribo, el joven presidente de la Asamblea Nacional lo está haciendo bien, con aplomo, permitiendo que la gran coalición nacional e internacional logre cristalizar para poner fin a la usurpación y dar inicio a la transición, que concluirá con elecciones generales libres, para retomar a plenitud el Estado de Derecho.

Por supuesto que yo -al igual que todos- tengo observaciones y críticas sobre los errores que hemos cometido a lo largo de los últimos 20 años, e incluso antes, lo que dio origen a este régimen de populismo narco comunista.  Créanme, no es hora para esos análisis ni crítica, es tiempo de aportar ideas y soluciones, y procurar puntos de encuentro más que de desavenencias.  Ya tendremos oportunidad para los análisis críticos e incluso para la confrontación.

Nosotros llegamos débiles al 10 de enero, sin criterio claro y con muchas dudas.  Afortunadamente la estrategia adelantada y liderada por Juan Guaidó ha venido generando frutos y sumando voluntades, abriendo esperanza.  En pocos días, la desesperanza que alcanzaba a la inmensa mayoría de la población, ha ido abriendo espacio a la mirada positiva, a la creencia de que sí se puede.

Desde el momento en que se instaló la Asamblea Nacional para su cuarta legislatura de este quinquenio legislativo, el pasado 5 de enero, Guaidó le dijo al país que asumiría plenamente la responsabilidad que la Constitución colocaba sobre sus hombros.  Reclamó entonces la participación de todos.

El 10 de enero, en el primero de los cabildos abiertos, reiteró que asumía la responsabilidad y afirmó que eso no era suficiente, en lo cual le sobra razón: exigió el respaldo del pueblo, la acción de la Fuerza Armada Nacional en el cumplimiento de su obligación institucional, y el acompañamiento y solidaridad de la comunidad internacional, sin la cual difícilmente Venezuela podrá salir del nivel de estancamiento donde hoy se encuentra.

Lo que ha avanzado mejor y más rápido ha sido la solidaridad internacional, el apoyo masivo de los países de América y Europa que nos instan a retornar a la democracia y reino de la libertad.  El apoyo popular es creciente, la estrategia de los cabildos y la invitación a tomar la calle, los cacerolazos, las manifestaciones expresamente convocadas o espontáneas, van indicando el aumento del respaldo popular.  Que la Fuerza Armada cumpla su obligación está en marcha, es una procesión que va por dentro, a paso de procesión, lento y seguro.  Va, de que va, va.

Del otro lado, en la trinchera del régimen, reina la desesperanza, el miedo, los saltos de talanquera y la convicción de que el tiempo se les agotó, que de un momento a otro amanecerá.

El llamado es para nosotros: seamos positivos y actuemos.  Todos podemos hacer algo, por supuesto unos más que otros.  Quien piense que no puede hacer algo, o solo muy poco, está equivocado; en primer lugar puede orar, sumar la fuerza espiritual indispensable para el inmenso salto que debemos dar como pueblo; en segundo lugar, puede cambiar su actitud y hacerse positivo, llenarse de esperanza y transmitirla.  La desesperanza es la mejor aliada del régimen.  Con fe en Venezuela avancemos hacia el 23 de enero que, como el pasado 10, está lleno de fuerza transformadora.  A paso firme: de la usurpación a la transición, luego elecciones libres.  Es la hora.

PACIANO PADRÓN

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– Paciano Padrón -15-1-2019 Twitter: @padronpaciano

Fuente:
paciano padron <pacianopadron@gmail.com>

  • Hoy 15-1-2019 a las 12:57

CCO

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