Junta Militar de Gobierno el 23 de enero de 1958

Señores Oficiales patriotas de nuestras Fuerzas Armadas:

Me dirijo a ustedes respetuosamente con el fin de presentar el criterio que yo y muchos, muchos de mis compatriotas sostenemos con respecto a la situación actual de los Poderes Públicos de Venezuela y la responsabilidad constitucional que corresponde a los oficiales de nuestro glorioso Ejercito Libertador y demás fuerzas de nuestras Fuerzas Armadas venezolanas.

Nicolás Maduro Moros, de nacionalidad desconocida, pretende asumir los cargos de Jefe de Estado de la República Bolivariana de Venezuela, Presidente del Gobierno y Comandante en Jefe de sus Fuerzas Armadas basado en unas elecciones convocadas ilegalmente por una tal Asamblea Nacional Constituyente ante un Consejo Nacional Electoral escogido por el Partido Socialista Unido de manera extemporánea, ilegal e inconstitucional.

Tanto la tal Asamblea Constituyente, el anterior Tribunal Supremo de Justicia y los otros dos Poderes Públicos, el Moral y el Electoral son también espurios e írritos por la manera como fueron escogidos por la fracción del PSUV de la anterior Asamblea Nacional, entre gallos y medianoche, de manera totalmente irregular.

La misma legitimidad de origen del señor Nicolás Maduro es de gran incertidumbre ya que, de acuerdo a la Constitución de la República de Colombia él es de nacionalidad colombiana por ser hijo de colombiana y colombiano y nadie en Venezuela ha visto ni una Partida de Nacimiento venezolana suya ni un documento que demuestre su renuncia a su primera nacionalidad.  Ambos documentos son indispensables para que pudiera haberse postulado legalmente para la presidencia.

La única persona que ha manifestado haber visto una partida de nacimiento venezolana de Nicolás Maduro es Tibisay Lucena, escogida para presidenta del Consejo Nacional por el Partido Socialista Unido de Nicolás Maduro.  Aún si existiera esa partida, para que fuera legítima su postulación debía ser presentado un documento probatorio de su renuncia a su nacionalidad colombiana.

Queda así claro de que Nicolas Maduro ni fue ni puede ser candidato constitucional a la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela.  Pero es que ahora tampoco tiene legitimada de gestión, como sí la tuvieron nuestros dictadores anteriores que llamamos expresidentes.

Nicolás Maduro no es ni expresidente ni dictador; solo ha sido el peor sátrapa que hemos tenido que, bajo las órdenes de los tiranos de Cuba y aprovechándose de la debilidad de las instituciones democráticas de Venezuela, la han abierto a las peores escorias del planeta para que la espolien y la destruyan como Nación.

El próximo miércoles 23 de enero cumplimos sesenta y un años de que pueblo y soldados se unieron para derrocar al dictador del momento, sin mayor derramamiento de sangre.  Se improvisó una junta de gobierno cívico militar que, antes del año cumplido organizó y celebró elecciones que, si no absolutamente honestas, fue aceptada por la gran mayoría de los venezolanos.

Las fuerzas armadas cumplieron un papel ejemplar, mantuvieron el orden público conforme a las circunstancias y repudiaron los embates de la satrapía cubana.  Durante unos cuarenta años Venezuela tuvo una relativa vida de libertades y gobiernos civiles, algo de avances políticos y sociales y ciertos avances en nuestra soberanía y seguridad.  De hecho, por nuestra estabilidad política y económica fuimos un modelo a seguir en un continente mayormente de gobiernos militares sin libertades, con guerrillas y terrorismo, miseria y exclusión mayormente económica.

El actual régimen, además de haber sido ilegítimo de origen ha sido también ilegítimo de desempeño.  No necesitamos detallar para ustedes en lo que han fallado absolutamente:

  • En lo político, pasaron de tener un sustancial apoyo de la opinión pública a un escaso apoyo apenas logrado mediante el soborno a los más necesitados:
  • En lo social, estamos sumidos en un permanente clima de zozobra y de odio entre los venezolanos y el repudio de la gran mayoría de los países hermanos del continente y los países democráticos del resto del planeta.
  • En lo económico, basta con destacar el deterioro del salario a una tercera parte del poder adquisitivo que teníamos al comenzó del período presidencial;
  • En la seguridad, cada año han seguido subiendo las tasas de homicidios, asaltos, secuestros y violaciones tanto en las ciudades como en el campo. El poder de las bandas y mega bandas ya sobrepasa el de los cuerpos de seguridad, dedicados mayormente a la represión de la libre expresión de la sociedad civil.  Con demasiada frecuencia los cuerpos represivos compiten con las bandas delincuenciales armadas en sus actividades criminales.
  • En alimentación y salud, estamos formando futuras generaciones mentalmente tarados y físicamente enclenques.
  • En educación -desde preescolar al universitario, la ciencia y tecnología, la cultura, el deporte, el turismo, el transporte, estamos en absoluto colapso. Nos proponen volver al conuco, al burro, a las velas y a las alpargatas.
  • Están empeñados en acabar con todas nuestras instituciones centenarias y las más actualizadas: el Congreso, los Municipios y Parroquias, los vecindarios, las Universidades públicas y privadas, nuestra historia patria ahora privatizada, nuestra agricultura y cría; PDVSA y las Empresas Básicas de Guayana.
  • En la seguridad estamos totalmente vulnerables al no producir nuestros propios alimentos ni municiones y otros pertrechos para nuestra defensa; nuestras relaciones hacia los países colindantes y hacia la superpotencia del hemisferio son pésimas. Nuestro armamento adquirido con diversos proveedores, mayormente no ha sido probado en combate.

Nuestras Fuerzas Armadas ya ni gozan del amor y el respeto de la población, particularmente la Guardia Nacional y una serie de organismos nuevos de dudosa legalidad.

Particularmente grave es el creciente desprestigio de Nuestro Ejército Libertador.  La nutrida participación de oficiales en un programa de televisión del PSUV dirigido por su Vicepresidente; las continuas manifestaciones por parte del General en Jefe Ministro del Poder Popular para la Defensa de “lealtad absoluta” a Nicolás Maduro Moros (“lealtad absoluta” a una persona está por encima de su lealtad a cualquiera otra cosa, como puede ser la Patria); el masivo ascenso a Generales que ya debe estar rondado los mil activos; el irrespeto a oficiales apresados por organismos civiles de represión y la democión por parte de funcionarios civiles, sin el debido proceso militar; y los servicios de inteligencia militar dirigidos desde Cuba.

Debemos evitar que los actuales asesinos de nuestra venezolanidad terminen permitiendo que potencias extranjeras terminen probando sus armas en nuestro suelo patrio, como hicieron en Indochina, en el Medio Oriente y en Centroamérica.

Lo que te pedimos es que cumplas el artículo 333 de la Constitución:

Artículo 333 de la República Bolivariana de Venezuela: Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella.  En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia.

Los militares venezolanos no solamente tienen ese deber, sino que es su principal razón de ser.  Nos saldría más barato contratar una guardia pretoriana.  Solo les pedimos, como a todos los venezolanos mayores de edad, que se manifiesten si están o no de acuerdo con que el Poder Ejecutivo siga amasando poder o si debe respetar las limitaciones que le impone nuestra Constitución.

En esta nuestra historia patria las situaciones de poder las han resuelto los militares, a finales de siglo por teléfono.  En esta era de tecnología informática, los oficiales pueden contarse hoy en día por la internet.  Solo les pedimos, como a todos los demás venezolanos, que se definan, que se manifiesten públicamente.  No les pedimos que violen la debida disciplina militar.  Solo que le notifiquen oficialmente a su superior que no están conformes conque se viole la constitución para mantenerse en el poder.  Y que quede constancia.

Estoy convencido que la gran mayoría de nuestros oficiales más jóvenes se manifestarán a favor de la línea constitucional.  Al manifestarse por esa vía, en cuestión de horas tendremos la respuesta para sacar y someter a la justicia al actual régimen delincuencial e intentar de nuevo a formar una administración pública transparente, sin exclusiones raciales, confesionales, partidistas, o de estilo de vidas, en un ambiente social de convivencia, participativo, descentralizado hasta el vecindario y con un gobierno institucional en el que predomine la Sociedad Cívica organizada como Primer y Único Poder Originario.

Si por el contrario he sobreestimado el carácter cívico de nuestras recientes generaciones de oficiales con respecto a la democracia, la libertad y la institucionalidad, entonces les recomiendo que se deslastren de los intermediarios: la “franquicia cubana”, el ELN, Hezbollah, los Ayatolas, traficantes de personas, drogas y armas y demás cargas extranjeras  que los usurpadores nos trajeron. Continúen el proceso de democratización y modernización de los presidentes andinos -López Contreras, Medina Angarita y Pérez Jiménez.

No había libertad de expresión, pero se comía bistec tres vece al día y el Bolívar era mas fuerte que el dólar americano.

Armando Azpúrua – Profesor Jubilado de la Universidad Central de Venezuela

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