Señores Oficiales de las Fuerzas Armadas de Venezuela

Con su silencio y omisiones en sus obligaciones constitucionales ustedes de hecho han subordinando a nuestra Nación, ni siquiera a una Gran Potencia, sino a la tiranía de una destruida isla caribeña que nos invadió sin siquiera hacer un disparo que no fuera para asesinar a nuestros muy jovenes y valientes héroes defensores de nuestra libertad y democracia. 

Ustedes han perpetrado y siguen perpetrando lo que en un militar se podría considerar el mas grave delito: la traición a la patria, a la bandera y al legado de Bolívar -el Ejército Libertador- que nunca había permitido una invasión al la Patria y nunca ha salido de sus fronteras para invadir sino para liberar a otros pueblos.

No.  El más grave delito para un militar no es el de traición, es la cobardía. Podría acusarse a Bolívar y San Martín como traidores al Rey Fernando VII de España, pero ¿cobardía?  Un militar cobarde es como una espada sin filo ni punta, un fusil sin percutor, un secretario analfabeto, un sacerdote pervertido.

Los oficiales del Ejército, la Armada y el Ejército no están en la calle para defender a la satrapía a cambio de mil millonarias prebendas, en dólares o euros.  Mandan a la calle a Guardias Nacionales, a batallones de la muerte, a “colectivos” armados, a bandas armadas de secuestradores, asaltantes y violadores y hasta la lastimosa milicia.  Viven con sus familias con el sustento que generosamente les provee el Estado y otras cosas mas, sin estar en la capacidad de prestar la seguridad interna y externa que sus cargos implican.  Gracias a Dios que la Guyana no han procedido a ocupar al Esequibo con su pequeño y poco armado ejército.

Todos estamos obligados por la constitución vigente a defenderla, aunque no seamos funcionarios públicos, y a colaborar a restituirla cuando no se esté cumpliendo. A pesar de lo descarado de la actuación de los usurpadores al pretender descalificar  a la Asamblea Nacional, en busca de una solución con la mínima violencia posible, no estamos sugiriendo a los militares que se subleven ni que se pleguen a un intento e golpe de estado.  Por sus efectos, han hecho lo que hizo Fujimori al ordenar meter tanque de guerra en el Congreso del Perú… estará preso por lo que le queda de vida.

Solo les exigimos que se manifiesten por los medios establecidos en las leyes y reglamentos militares para comunicarse entre un oficial y su superior, para dejar constancia de su lealtad a la patria y su juramento que hiciera a na bandera de defender, hasta con la vida, a nuestra constitución.

Los sectores de oposición a los usurpadores se han manifestado a favor de aplicar leyes transicionales.  Atendiendo a este pedido de la sociedad civil organizada, la Asamblea Nacional por mayoría calificada aprobó una Ley de Amnistía hacia quienes de alguna manera publicaron su oposición a la violación por los poderes públicos de lo establecido en la CRBV y en los convenios internacionales aprobados por Venezuela.  Esto con el fin de que el regimen desocupe sin dilación y sin violencias los poderes usurpados.

Debe tomarse en cuenta de que ni nuestra Constitución ni los convenios internacionales aprobados por Venezuela permiten ni la impunidad ni la prescripción de los delitos contra los derechos humanos.  Tampoco se podrá aceptar como excusa de que “yo estaba cumpliendo ordenes superiores”. Bajo el derecho prevalente en Venezuela nadie está obligado a cumplir una orden superior si en su consciencia estaría cometiendo un delito contra la humanidad y los derechos humanos de cualquiera persona.

Estamos seguros de que si la mayoría  los militares no está de acuerdo con la abolición por decreto de la Asamblea que ganó la oposición con mas de las dos terceras partes del voto popular por un tal “desacato” que ni está contemplado en nuestro sistema constitucional y legal, los usurpadores entregarán sin violencia los poderes que detentan ilegalmente y que saben que ya no lo podrán seguir haciendo.  Necesitamos una Fuerza Armada heróica y honesta para erradicar durante el gobierno de transición a los traficantes de drogas, armas, personas y capitales; las bandas armada organizadas; la minería ilegal y destructiva; el secuestro y la extorsión.

Rescateramos el legado de nuestro “Ejercito de Libertadores” y demás componentes armados; recuperaremos nuestros derechos en el Esequibo y nuestra ventana Atlántica, así como nuestro desarrollo agrícola, pecuario y pesquero,  industrial y militar; junto con la Union de Naciones de America con la que tendremos nuestra soberanía real, no la de someternos a una Superpotencia para defendernos de otra.

Venezuela fué y puede volver a ser Grande, Libre, Incluyente, Próspera, Solidaria y gobernada por un Primer Poder Originario de la Sociedad Civil Organizada.

Armando Azpúrua – 2-2-2019 – Profesor Jubilado de la U.C.V.

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