Paciano Padrón

Hace ahora exactamente 60 años, el 23 de enero de 1958 amaneció más temprano.  En la madrugada huyó el dictador Pérez Jiménez, la lucha del pueblo y de los militares democráticos había puesto punto final a la noche.  Seis décadas luego estamos nuevamente sumidos en la oscuridad, pero en grado superlativo, nunca antes tan maltrechos y disminuidos, lo que nos obliga a ponernos de pie en espíritu unitario, a levantarnos contra la dictadura más destructiva que hayamos tenido en dos siglos de vida republicana, de los cuales siglo y medio ha estado signado por la bota militar, en esta oportunidad con sello narco-terrorista-comunista.

Hoy, a diferencia de ayer, requerimos de ayuda internacional, porque el régimen que nos somete, si bien presenta a Maduro como presidente, no es él quien rige nuestros destinos, sino, como antes dijimos, es el terrorismo, el terrorismo internacional.  Estamos sometidos a los dictámenes de La Habana, donde se combinan las fuerzas del terrorismo, del narcotráfico, de la guerrilla colombiana y del comunismo, que dan como resultado un país saqueado y expoliado, convertido en ruinas de lo que antes fue.

El 23 de enero de 1958 pasó por la unidad del pueblo.  Hoy más que nunca debemos entender que la prioridad es salir del régimen dictatorial, lo que nos obliga a unidad en la acción, que solo podrá lograrse con unidad de propósito.  La reconstrucción nacional nos necesita a todos.  Nuestro llamamiento en primera instancia es a los factores de la alternativa democrática, a los partidos políticos y a la sociedad civil.  Pero no es suficiente, llamamos a sumarse al cambio a los sectores que dentro del espectro que se llama chavismo, rechazan la tragedia que padecemos juntos.

No es hora de dilucidar si el proceso iniciado hace ya 19 años pudo haber cambiado en positivo el país.  En esta brutal crisis no son oportunas las reflexiones sobre las intenciones y caminos de Chávez, y luego de Maduro.  Lo cierto, lo que nadie puede negar, es que estamos en el foso y nuestra economía está vuelta añicos, que es insoportable y criminal la escasez de alimentos y medicinas.  La crisis se refleja en el abandono de los puestos de trabajo porque los salarios no alcanzan.  Si fuera poco, sufrimos la más alta tasa de criminalidad.

Ya pasan de tres millones los venezolanos en la diáspora, la que se llevó primero a empresarios e inversionistas; luego, en una segunda camada, a profesionales universitarios de alta preparación; más tarde se fueron técnicos y profesionales medios, y la última oleada que llena los pueblos fronterizos, está integrada por los sectores más humildes de la población, que buscan lo elemental para subsistir: alimentos y medicinas.

Consultores 21 dio a conocer recientemente una cifra interesante: 45 % de los venezolanos que quieren emigrar, se identifican como afectos al chavismo, pero descontentos con Maduro.  Es hora de unión en el propósito, sacar a Maduro, ponerle punto final a la tragedia y comenzar a reconstruir en libertad y democracia el país que queremos.

Al celebrar el Sexagésimo Aniversario del 23 de Enero, que en Venezuela hemos denominado Día de la Democracia, tenemos que hacernos el propósito de acelerar el paso.  No debe prorrogarse el hambre y la agonía del pueblo, trabajemos coherentemente en los dos escenarios que reclaman acción.  En lo interno, unidad y confrontación inteligente, movilización disminuyendo riesgos, porque el primer mandato es salvar la vida.  El otro escenario es el internacional, que cada vez se muestra más dispuesto.  Los pueblos del mundo ya saben de nuestra hambre y enfermedades, y tienen conocimiento del talante despótico y criminal del régimen; ya no es un secreto que Venezuela está siendo explotada y “dirigida” por el terrorismo internacional.  Nos toca apretar el acelerador y otra vez será 23, nuevamente será día de democracia y libertad.  Volverá a amanecer más temprano.

PACIANO PADRÓN

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https://diarioelnacionalista.com.ve/2018/01/otra-vez-23-enero

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