Armando Azpúrua

… y comenzar el trabajo de componer a la Nación

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Entre los políticos profesionales en Venezuela hay dos posiciones: una está en la oposición y consiste en derrocar y reemplazar al gobierno estrictamente de acuerdo a la letra de la Constitución y de las Leyes vigentes. La otra es la de los que están en el poder sin una base popular que los sustenten, con la fariseica práctica de interpretar la Constitución y las leyes de la manera que más les convenga para acrecentar cada vez más ese poder y extenderlo para siempre.

Ahora rebosaron el vaso de hipocresía al pretender convocar una Asamblea Constituyente en la cual, si fuera electa por la vía democrática de un voto para cada ciudadano, no lograrían obtener ni un diez por ciento de los constituyentistas. Pero lo quieren a hacer como lo hizo Mussolini en su momento, por medio de una elección sectorial y territorial, como corresponde a un régimen corporativista, léase fascista. Obviamente ya tienen listas las marramucias necesarias para lograr una mayoría.

Ayer el vicepresidente del PSUV, en su característico estilo vituperoso gritó a un puñado de seguidores que una vez electa la Constituyente, esta será el único Poder Público en la Nación, con poderes ilimitados de hacer y deshacer. Ya dan por sentados de que van a ganar esas elecciones chimbas que tienen ya elucubradas. Utilizarán además de la sectorización, usarán el gerrymandering para ganar algunos diputados en las territoriales.

Pero la carta de triunfo sería el populismo exacerbado, ofrecerán para todo votante, el derecho irrevocable a una vivienda de tres o más habitaciones y aire acondicionado, moto o un carro con cambio cada 2 o 3 años, pantalla plana gigante para cada miembro de la familia y una vacación anual de 15 días en Cuba.

Tan seguros están de ese triunfo electoral, y de la sumisión absoluta de los electos, que ya hablan de lo que van a hacer y lo que no van a hacer con la nueva constitución.

Seguir las pautas constitucionales y electorales y convocar elecciones generales sería una absoluta locura. Como en la Argentina reciente, tendríamos 3, 4 o 5 presidentes en los próximos años, un total despelote, y se perdería 5 o 10 años sin resolver los problemas que ya no podemos posponer más de unos meses.

Participar en un proceso constituyente intensificaría la actual pugnacidad entre ciudadanos, que seguirían sufriendo de la escasez de todo lo indispensable para la vida y la insostenible represión de los órganos de seguridad y de la delincuencia armada organizada por el gobierno y de la delincuencia independiente.

De igual manera que con un mero cambio del Poder Ejecutivo por la vía constitucional y electoral, se pospondría la solución de los problemas críticos y quedaríamos con un sistema de gobierno que ya nadie quiere. Queremos salir de esta anomia lo más pronto posible, pero tampoco queremos volver a lo que teníamos en 1998, que fue lo que hizo posible un Chávez y la actual desgracia de gobierno.

Menos aún podemos aceptar un golpe de estado, lo que nos regresaría 50 años más, al año 1948.

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Contra esa amenaza de muerte a la democracia en Venezuela, no hacen falta más leguleyadas. Necesitamos un Plan de Acción, con metas claras y procedimientos eficaces.

Ya está pasada la hora de que la Asamblea Nacional haga en no más de unas semanas, todo lo que ha debido hacer desde el 6-D-2016: revertir el nombramiento bufo de los Magistrados de la Sala Constitucional del TSJ; declarar la nulidad absoluta del nombramiento de los Rectores del CNE por el TSJ y no por la A.N. como lo establece la CRBV.; destituir los Magistrados de la Sala Electoral por abandono del cargo (en año y medio no han resuelto unas impugnaciones hechas fuera de lapso) y a los demás Magistrados que no cumplieron los requisitos y los procedimientos establecidos en la CRBV y las leyes; convocar a los ministros del Gabinete Ejecutivo, incluyendo el de Defensa, y proceder a destituir los que no concurrieran, y todo lo demás que a mi ahora no se me ocurre pero que ha debido haber hecho la A.N. en estricto cumplimiento de la CRBV y de las leyes.

Tenemos claro que el actual usurpador hará caso omiso de todas estas acciones y seguirá actuando y abusando como si nada hubiera ocurrido. Si la protesta y la resistencia pacífica continua y se intensifica cada vez más, ese gobierno usurpado se irá deteriorando hasta el punto de que ya no gobierne en absoluto.

Hecho esto, tendríamos apenas un esbozo de Gobierno, por lo que la A.N. tendrá que tomar las acciones que fueran necesarias para salvar a la Nación. La Asamblea con una nueva expresión del Primer Poder, el Poder Ciudadano, que se ha despertado como nunca antes al deber que le corresponde como Poder Originario. Es un hecho manifiesto que los ciudadanos de Venezuela están decididos a rescatar a la Nación de quienes la tienen secuestrada, sin mostrar temor ni ante la misma muerte, sin recurrir a la violencia en ninguna de sus formas, pero si con contundencia y persistencia, dispuestos a medir su resistencia.

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El tiempo de Dios es perfecto, pero hay que aprovecharlo. El momento es oportuno, debemos no solamente rescatar la República, sino que también refundar la República que nos dio Bolívar, a Venezuela y a la Gran Colombia, en la que el Poder Originario está en los Ciudadanos, no solo en el papel de la Constitución, sino en el ejercicio cotidiano de los actos de gobierno y que los políticos y los Generales de la época le regatearon. Lo que entonces era utópico, ahora, con el estado de la informática, la robótica y la inteligencia artificial se puede realizar, si hay la voluntad política. Y con la reciente experiencia de “democracia representativa” abusada, el cambio es indispensable, hacia un sistema inmune a la corrupción y la demagogia.

Es la hora de actuar más con criterios de grandeza que con paciencia y prudencia.

Los grandes hombres, según la historia, cambiaron su conducta cuando la circunstancia así lo exigía, y eso fue lo que los hizo grandes. Nuestro Libertador Simón Bolívar no se unió a la Junta Defensora de los Derechos de Fernando VII cuando las circunstancias así se lo exigían; al contrario, se unió a la Junta Patriótica para luchar por la independencia de su verdadera patria: Venezuela. Más tarde emitió el muy controversial Decreto de Guerra a Muerte, y salvó a la República de Venezuela como nación independiente.

Abraham Lincoln, violó muchas disposiciones de la constitución de los Estados Unidos, convocó el Ejército de la Unión y salvó lo que para él era lo más importante: la Unión de la República y el incipiente imperio.

Más recientemente, Nelson Mandela, después de 33 años de prisión y tras lograr el fin del odioso y criminal Apartheid, por el bien de su Nación y con su ejemplo personal, no permitir el revanchismo y la venganza en su incipiente democracia.

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DE inmediato, desde YA, la Asamblea Nacional, el único Poder Público que mantiene su legitimidad, debe proceder a promulgar un Estatuto de Transición en el que se designa un Consejo de Gobierno para que este, a la mayor brevedad, designe un Poder Ejecutivo de Transición, una Comisión de la Verdad y la Justicia y una Comisión Constituyente. Este Consejo de Gobierno deberá ser muy amplio y muy poco excluyente. Debe incluir miembros prominentes de los partidos políticos que tienen diputados en la A.N., de las Universidades Nacionales, de las Academias, de las Iglesias establecidas en Venezuela, de las Centrales Obreras, de los Colegios Profesionales, de las principales Organizaciones No Gubernamentales y de las Fuerzas Armadas, con exclusión de todos quienes tienen responsabilidad en crímenes cometidos en represión al ejercicio de los derechos políticos de los Ciudadanos.

El Consejo de Gobierno estaría compuesto por ciudadanos de intachable reputación moral y profesional, dispuestos a actuar exclusivamente a favor de los intereses de la Nación y a renunciar a postularse a algún cargo de elección popular durante los próximos 5 o más años. La Comisión Constituyente quedaría encargada de organizar todo el proceso constituyente hasta que sea aprobada una nueva Constitución Nacional que entraría en vigencia solo después de su aprobación por una mayoría calificada de todos los ciudadanos, mediante una consulta en la que cada ciudadano tiene un solo voto, y sería el fundamento de una verdadera República Bolivariana, en el papel y en el diario desempeño de la Nación.

Ya numerosos patriotas están proponiendo individualmente sus opiniones y planes de acción para salvar a Venezuela. Entre muchos, hemos recogidos los siguientes:

Propuesta para la Solución, por Juan Carlos Sosa Azpúrua, 27-05-2017

Ya es tiempo de un gobierno de transición nombrado por la Asamblea Nacional, por Juan Claudio Lechin Weise, 25-5-2017

La Revolución que vivimos, por Antonio Sánchez García, 25-5-2017

La Cosa Nostra o buscando el sentido perdido, por Marcelino Bisbal, 23-5-2017

Cachascascán: lucha libre de la Revolución Bolivariana, por Eduardo López Sandoval, 13-5-2017

La transición en Venezuela: Proceso Político, por Genaro Mosquera, 31-3-2017.

¿Que estamos esperando?, por Armando Azpurua, 22-3-2017

La transición en Venezuela, por Tarquino Barreto – 6-12-2016

Armando Azpúrua – 20-5-2017

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