Fabio Fuenmayor

Cuidado con lo que pides, que te lo pueden dar.
Le he pedido a Fabio 
Fuenmayor, medico formado en la Universidad Central de Venezuela, quien además tiene dos especialidades: anestesiología y cuidados paliativos, que refiera parte de su experiencia en esta hora menguada de la salud de los venezolanos.

Basta saber que, en el mismo momento en que usted —lector de Prodavinci—, lee esta entrevista, hay un paciente en fase terminal, ya sea por causas naturales o por falta de tratamiento, que no encuentra los fármacos ni los medicamentos que alivien su sufrimiento y su dolor.

Una condena a muerte anticipada es lo que está ocurriendo en muchos casos.  ¿No es el Estado el garante de que su cumpla el derecho a la vida en Venezuela? Hiela la sangre que algo tan fundamental como la vida humana esté en discusión.

¿Podría decir cuando comenzó la crisis de la medicina paliativa en Venezuela?
Esto comenzó como el cuento del sapo metido en la olla, se fue deteriorando lentamente.  No es producto, como la gente cree, de la caída del precio del petróleo o de la “guerra económica”.  No, no.  Esto es una edificación bien montada por la revolución chavista cuando llegó al poder.  Recuerdo que leí, en una revista interna del Ministerio de Salud, que la entonces ministra, María Lourdes Urbaneja (2003), planteó que había que acabar con la industria farmacéutica, porque era “capitalista”.  Desde el punto de vista ideológico eso estuvo allí y nadie lo vio.  Como esto es una economía de puertos, todo se importaba, absolutamente todo, se empacaba en Venezuela y existían medicinas.  Otro de los planteamientos que hizo la exministra Urbaneja es que había que regresar a la medicina tradicional.  Nosotros estamos viviendo en El Planeta de los Simios, no me estoy refiriendo a la película, que tiene connotaciones racistas, sino a la hipótesis que planeó Aldous Huxley (la reversión del ser humano en un híbrido humano-simio producto de una apocalíptica guerra nuclear).  Nosotros fuimos colonizados por ese híbrido humano-simio, que se cree superior a todos y piensa que puede hacer lo que le dé la gana.

¿Hay un hito, digamos cronológicamente, que marque un punto de quiebre?
Febrero de 2016.  Ese año, el gobierno saca la carta marcada más insigne de la irracionalidad que lo caracteriza.  El 0-800 Salud.  Ahí, el gobierno dio por finiquitada la industria farmacéutica, a la comercialización de las medicinas en las farmacias y a la prestación del servicio de salud del pueblo venezolano.  A partir de ese momento, los médicos comenzamos a evidenciar lo que ya veníamos arrastrando.  Como te digo, lo del cuento del sapito que se va achicharrando dentro de la olla.  Mi problema, como médico paliativo, no es el mismo que el del cardiólogo que trata la hipertensión.  Aunque tenemos algo en común, el problema, en ambos casos es más grande.  ¿Por qué? Porque ahora yo tengo como enfermos incurables a pacientes que eran crónicos, perfectamente estables.  Por ejemplo, los hipertensos, los pacientes glaucomatosos que se están quedando ciegos, los pacientes reumáticos, que pudieran haberse mantenido, bajo un esquema de tratamiento, medianamente bien.  Ahora en mi consulta tengo el 70% de pacientes oncológicos y no es porque el otro 30% se haya reducido, no.  Simplemente no tiene acceso a un diagnóstico.

Cuando dice que es una “edificación bien montada”, pareciera que detrás hay una mente diabólica, una mente maligna.  ¿De eso se trata?
Si la irracionalidad es lo que caracteriza al fascismo, hay tienes una evidencia.  Yo soy el que tiene la razón… el único capaz de dirigir a la sociedad.  Sí las cosas no salen bien es porque hay una cuerda de imbéciles que son incapaces de adaptarse al modelo que yo les estoy marcando.  Ese es el pensamiento supremo de quienes han llevado adelante esta revolución.  No voy a juzgar entre el bien y el mal, me parece que sería una condición casi teológica.  El punto es que ellos creen que pueden dirigir a toda una nación hasta el lugar donde ellos, voluntariosamente, se propusieron llevarla.  Para eso necesitaban un esquema y el esquema existía.  No es que ellos eran malos y querían regresar a la medicina indígena.  Es que ellos consideran que la medicina tradicional indígena es mejor que la medicina occidental.  Así de sencillo.  Cuando alguien te dice que para que vas a comer pan, si puedes comer yuca y que te trates la hipertensión con remedios que no sean producto de la industria farmacéutica, que lo único que persigue es el capital… Ese es su pensamiento.  Es un problema ideológico que, a mi modo de ver, llega a la sicopatía o a la sociopatía.

¿A partir del 0-800 Salud y con relación a su trabajo, por ejemplo, al diagnóstico, a los pacientes, qué es lo que ha visto?
Primero hubo un ataque a la industria farmacéutica.  Segundo, una apropiación del producto que se importaba, en una cosa que se llama el SEFAR (Servicio Autónomo de Elaboraciones Farmacéuticas), donde todo el mundo tenía que ir para que les suministraran los medicamentos.  Una vez que advirtieron que los medicamentos en existencia eran insuficientes, inventaron el 0-800 Salud, que no es otra cosa que poner a la gente a hacer cola, no ya en el SEFAR, sino a través de un número de teléfono.  Eso es lo que ha ido marcando el nivel de desabastecimiento de cualquier tipo de fármacos, desde los más prioritarios hasta los más complejos.  En el momento en que se activa el 0-800 Salud, en Venezuela se dio por finiquitada la importación de opioides, lo único que se importa es morfina, en cantidades muy limitadas.  Aclaro, cuando uno dice que se acabó la morfina, es porque anteriormente la podías sustituir por otros medicamentos similares.  Pero todo eso ha ido desapareciendo.  No sólo eso, hay ciertas propiedades, entre unos y otros, que se van perdiendo, entre otras: la disponibilidad y el modo de administración.  Eso le va haciendo la vida a la gente cada vez más difícil.  Y al médico la imposibilidad de hacer el tratamiento y cómo se debe hacer.

¿Qué ocurre cuando se llega a un diagnóstico?
Sencillamente, en el caso de la medicina paliativa, tú sabes cuál es el tipo de dolor que tiene el paciente, qué medicamento se necesita para aliviar el dolor, pero no tienes cómo hacer el tratamiento.  No tiene ni los medicamentos, ni las dosis adecuadas para hacerlo.

¿Cuál es el impacto que eso tiene en un paciente que tenga, por ejemplo, una enfermedad catastrófica o terminal?
Un sufrimiento brutal.  Si tienes un paciente que tiene una metástasis en el hueso, al que tienen que aplicarle quimioterapia, pero antes deben colocarle un marcapasos, un marcapasos que cuesta 300 millones de bolívares, que esa metástasis crece cada vez más y con ella el dolor y la disponibilidad que tengo de ese medicamento no alcanza para tratar ese dolor, ¿qué haces sino ver el sufrimiento de la gente en su cara? No hay manera de que puedas aliviarle el dolor, entre otras cosas, porque no dispones de los coadyuvantes para tratar las diferentes condiciones que tiene el dolor y eso no existe, la gente tiene que soportar los calambres, la sensación de hormigueo o de corrientazos, porque eso no se quita ni con aspirinas ni con morfina tampoco.

¿Cuándo la gente llama al 0-800 Salud consigue los medicamentos
Ninguno de mis pacientes ha tenido disponibilidad de medicamentos a través del 0-800 Salud.  Lo que ellos me han dicho, después que han marcado ese número, es que les van a devolver la llamada para decirles en dónde están disponibles los medicamentos y más recientemente les preguntan si tienen el carnet de la patria.  No sé cuál es la disponibilidad del carnet de la patria, unos pacientes me han dicho que no lo han sacado y otros que no lo han podido sacar.

¿Cómo viven este drama los familiares de los pacientes enfermos?
Aquí han sucedido dos cosas que realmente constituyen una desgracia.  Una de las normas que estableció el gobierno es que tú no puedes enviar un medicamento a través de un servicio de encomienda, porque según ellos, a través de ese servicio, los medicamos “se bachaquean”.  Si tú tienes un familiar en Margarita, en estos días de diciembre, que no encuentra como salir de la isla, ni por aire ni por mar, y tampoco puedes ir tú, no le puedes hacer llegar un medicamento desde Caracas.  Imagínate la desesperación de los familiares cuando les dicen que el medicamento está disponible en una farmacia ubicada en Maracay, el desgaste físico, emocional, que eso representa, en el caso de los pacientes de hipertensión, de diabetes o de cáncer, que saben que van a morir porque no están recibiendo el tratamiento para la tensión o para el azúcar.  La angustia, mientras viajo en carro a Maracay, y no sé si la crisis hipertensiva va a matar a mi familiar que lo he dejado en la casa.

¿No tiene posibilidad alguna de administrar un tratamiento?
Cuando los pacientes se mueren, los familiares me donan los analgésicos que les quedaban, probablemente porque esos pacientes recibieron analgésicos que, a su vez, a mí me habían donado.  A través de ese “sistema”, por llamarlo de algún modo, tú logras atender a cierto número pacientes.  Pero eso te coloca en la difícil situación de tener que decidir a quién le doy y a quién no le doy.  ¿Por qué? Porque si tengo 20 pacientes quizás con ese “sistema” pueda tratar a cinco y mantenerlos confortables, pero lo que no puedo hacer es maltratar a los 20, porque los estaría engañando.  A los demás los tengo que mandar a la calle, a buscar sus medicamentos.  Y no hay opción de comprarlos en el exterior, entre otras cosas, porque cuando haces el cambio a dólares, resulta que no los puedes comprar, porque el bolívar es una moneda que no tiene valor alguno.  Una población que está viviendo con ingresos de uno o dos dólares diarios, ¿de cuánto puede disponer para comprar un medicamento? El costo de una terapia curativa —para casos oncológicos— puede pasar de 2.000 dólares y en el caso de los analgésicos, entre 20 y 30 dólares.

¿No había un centro de despacho de medicamentos de alto costo adscrito al Instituto Venezolano de los Seguros Sociales?
Eso es un cascarón vacío.  Mi esposa tiene seis meses buscando el medicamento para el cáncer de mama y no se lo dan.  Pacientes como ella, que no los están recibiendo desde hace seis meses, van a hacer la recaída el próximo año, con metástasis en los huesos y dolores terribles.

¿Esto es una cadena de la cual sólo hemos visto parte de su evolución?
Esto es como un alud que cae sobre un poblado donde todo el mundo tiene su casa sellada.  Nadie se da cuenta hasta que el lodo arrasa con sus casas, digamos, en tiempo real.  Aquí a las mujeres —los médicos—, las estamos mutilando —el país ha regresado a prácticas médicas de hace 30 años—, esa la única manera de garantizarles una sobrevida, entre otras cosas, porque los tratamientos lógicos, normales, convencionales, de quimioterapia y radioterapia no se pueden aplicar con los sistemas adecuados.  Entonces, un cirujano oncólogo opta por extirpar el seno para evitar que la mujer muera en una recaída.  Pero como no es la teta de un enchufado, no importa.  Sin contar los problemas de diagnóstico.  ¿En qué hospital público de este país se está haciendo despistaje de carcinoma de cuello uterino? Creo que en ninguna parte.

¿Esa no es la primera causa de muerte entre las mujeres que padecen cáncer?
Es la segunda, la primera es cáncer de mama.  Pero es la primera entre las mujeres de bajos recursos.  No hay diagnóstico precoz y si no hay despistaje en el cáncer de cuello uterino, que es uno de los más fáciles de detectar, vas a tener una mortalidad no solamente altísima, sino brutal.  Dolorosísima, sumamente dolorosa.  Porque el cáncer de cuello uterino, antes de matar, destruye a la mujer.  Eso es responsabilidad exclusiva del Estado.

Fabio Fuenmayor

¿Cuándo usted habla con los familiares de estos pacientes, qué mecanismos se activan para tratar de ayudar a la persona que está en esa situación?
El mecanismo es buscar donaciones disponibles en el país o que vengan de fuera.  Que se puedan administrar lo mejor posible.  Pero, como ya lo dije, es algo que se va complicando cada vez más.  Lo que le ocurre al médico tratante repercute directamente en la parte de cuidados paliativos.  Actualmente, no tengo pacientes que se están curando, sino que se están muriendo.  Está aumentando el número de pacientes que acude a mi consulta y eso no es lo que debería ocurrir.  La medicina tiene cuatro objetivos básicos.  Dos de ellas son: evitar la muerte prematura, que es lo que comúnmente se conoce como medicina curativa —curar a los enfermos que sean curables— y la otra es aliviar el sufrimiento y el dolor, que es lo que comúnmente hace la medicina paliativa.  Obviamente, si no hay medicina curativa, van a aumentar los casos de pacientes a los que hay que aliviarles el dolor.  Tampoco se están cumpliendo los otros dos objetivos.  Aquí no se está haciendo medicina preventiva, ni se están corrigiendo las dolencias, por ejemplo, los accidentes de tránsito, y rehabilitar en ese sentido.

¿De qué hablamos cuando hablamos de crisis humanitaria en el tema de los medicamentos?
Lo malo del término “crisis humanitaria” es que, si bien eso se puede manejar desde el punto de vista técnico diplomático o técnico político o técnico sociológico, el problema es que eso queda como un clisé que no le dice nada a nadie.  En Venezuela la gente se está muriendo en las calles como en el siglo XVIII, por enfermedades infecciosas, por contaminación (en los hospitales), por falta de prevención, por falta de tratamientos curativos y por falta de tratamientos paliativos.  Sí, la gente está muriendo de mengua en las calles.  ¿Qué puedes esperar, si la gente está comiendo de la basura? Claro, es más elegante hablar de crisis humanitaria.  Es menos soez.

Es políticamente correcto.
Absolutamente.  Es más, es tan políticamente correcto que le permite al gobierno decir que es mentira; es tan políticamente correcto que hasta se puede discutir.

Un médico, que disponga de los medicamentos y las tecnologías adecuadas, eventualmente podría calcular el lapso de sobrevivencia de una persona, tomando en cuenta el tipo de cáncer y su estadio de avance.  ¿Eso es posible en Venezuela?
No es posible, porque no se está haciendo prevención y eso significa que la mayoría de los diagnósticos son tardíos.  Te tienes que acordar de ese lema que quedó alojado como una verdad absoluta.  “El cáncer es curable sólo si se diagnostica a tiempo”.  Eso del todo no era cierto, pero como campaña publicitaria era muy eficaz, porque en la medida en que hacías mayor prevención, ibas a tener mayor curación.  ¿Qué ocurre actualmente? Uno: si el cáncer está presente en el momento en que se hizo el diagnóstico, tú puedes reducir la mortalidad, siempre y cuando dispongas de los recursos adecuados.  Dos: si el paciente necesita recibir tratamiento, actualmente no tienes la certeza de que lo vaya a recibir o de que vas a administrar como tratamiento sea lo adecuado.  Porque pueden faltar medicamentos coadyuvantes o porque los medicamentos no son sometidos al control necesario.  Porque hasta eso se convirtió en un negocio.  Lo relevante, cuando se hacían las importaciones, no era el control de los medicamentos, sino la comisión.  El Instituto Nacional de Higiene quedó en un segundo plano para saber si un medicamento era apto o no apto.  Todo eso se perdió, todo eso se mandó a la porra.  Entonces, tú no sabes con qué estás trabajando.

¿Por qué no hay una contabilidad de las muertes causadas por la falta de medicamentos?
Por varias razones.  Los certificados de defunción, por ejemplo, no son más que un papel para mortificarles la vida a los familiares que tienen el cuerpo en su casa, para después llevarlo a enterrar.  No importa si el certificado de defunción está bien hecho o mal hecho, si está bien indicado o mal indicado, si suministró.  Eso no lo revisa nadie.  Pero en honor a la verdad, habría que decir que eso no es de ahora, es de toda la vida.  Dos, esa estadística no se lleva, porque al gobierno no le interesa de qué se va a morir la gente.  Tres: si en Venezuela es difícil contar los muertos por la violencia (homicidios), ¿vamos a contar los muertos por causas no violentas? Es muy difícil.

¿Cuál es el comportamiento de un familiar ante la muerte de un hermano, una esposa, un hijo?
En el caso particular de mis pacientes, que son muertes lentas y muy dolorosas y con una elevadísima carga de incertidumbre, desasosiego y preocupación, gente que pasa meses tratando de que le hagan un diagnóstico, de que le hagan un tratamiento, años en el tratamiento, yo creo que el desgaste es tan grande que el sentimiento que debería generar, a mi modo de ver, que es el de la rabia, queda totalmente opacado por la frustración y el cansancio.  ¿Ya para qué? ¿Después de tanta adversidad me voy a poner a pelear con un gobierno que es más violento que yo?

HUGO PRIETO – 31-12-2017

http://prodavinci.com/fabio-fuenmayor-la-crisis-humanitaria-es-un-clise-que-no-le-dice-nada-a-nadie/

Imprimir