Cuando los niños mueren ...

El mañana se le hace estrecho a un pueblo cuando sus niños mueren, y cuando es muerte por hambre la tragedia es mayor, porque muchos de los que sobreviven -que igualmente están desnutridos- habrán perdido inteligencia, condiciones y dotes para brillar, tienen retardo de crecimiento físico y mental irreversible, no serán luz.

La muerte de niños desnutridos es triste noticia de cada día.  “Los niños mueren como pájaros indefensos, arrancados del nido antes de su primer vuelo”, como dice el poeta y ensayista chileno Andrés Morales: “Sus pocos días, meses, años de vida son de oscuridad y miedo, lágrimas y dolor”.  Me pregunto, será que ya no somos capaces de percatarnos de que “La vida de un niño vale más que la tierra entera, vale más que todas las ideologías religiosas o políticas, más que los mapas en los papeles oficiales que cambian de dueño a los países después de cada guerra”.

Cuando nos matan el futuro, está más que justificada la ayuda alimentaria militar internacional, para liberarnos del terrorismo internacional que nos somete.  Si es necesario, a la fuerza hay que salvar vidas con alimentos y medicinas, así Maduro y Delcy Eloína sigan negando que hay crisis humanitaria; niegan la muerte de palabra, pero la estimulan con sus actos y omisiones.

El 33 % de nuestros niños presenta retardo en el crecimiento físico y mental que los acompañará durante toda su vida, están condenados a ser retrasados.  Ya la “desnutrición infantil grave alcanzó el pasado agosto el 15 % de todos los niños venezolanos”, hoy “hay 280 mil niños condenados a morir por desnutrición”, si se mantiene la misma situación alimentaria, que por desgracia no se mantiene, sino que se incrementa cruelmente.

El problema de salud general es brutal: “63% de nuestros hospitales no tiene agua potable, 51% no tiene camas de operaciones y 64% no posee fórmulas lácteas para bebés”.  La mortalidad materna entre 2006 y 2016 tuvo incremento interanual promedio del 10%, el último año fue de 65% y este año crece más “por hambre y falta de medicinas”.     La mortalidad infantil en el mismo período ha tenido incremento interanual promedio del 25%.

La situación general de la alimentación en Venezuela es dramática, como lo confirman las cifras de Cáritas: “4,5 millones de venezolanos comen solo una vez al día o una vez cada dos días”.  El 80% de los 30 millones de venezolanos, es decir cuatro de cada cinco, solo comen dos veces por día, con calidad y cantidad cada vez menor.  ¿Y no vamos a reaccionar?, ¿no vamos a actuar ante los pequeños famélicos que pierden la vida por desnutrición?

Venezuela luego de ya casi 19 años completos de un régimen progresivamente despótico y castro-comunista, y ascendentemente narco-terrorista, vive una tragedia que le ha hecho descender en todos los niveles.  Hoy perdemos como pueblo a los niños y madres que mueren, así como a los jóvenes asesinados por la represión de la dictadura o por el hampa desatada y tolerada por el régimen; vimos partir a dos millones de venezolanos a la diáspora, mientras muchos más buscan caminos y trochas.  Hoy vemos perder la fe y la esperanza, lo que es fatal para el futuro y el cambio.

¿Cuánto más tardaremos para reaccionar como pueblo? Cuando los niños mueren, muere el mañana.  Tal vez podríamos decir con nuestro Andrés Eloy en el poema “Los hijos infinitos”, que “Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños/que la calle se llena… y cuando se tienen dos hijos/se tienen todos los hijos de la tierra”.  Están matando a nuestros hijos, nos están matando el mañana.  ¿Seguimos esperando?

PACIANO PADRÓN
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– Paciano Padrón – 28-11-2017                                       Twitter: @padronpaciano

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