“Los estudiantes de todas las universidades, oficiales y privadas, hermanados en un solo abrazo, salieron a dar el toque de clarín; salieron a avisarle a Venezuela que ya el momento había llegado. Ellos fueron el canto del gallo en la madrugada de la Libertad”. Es Rafael Caldera quien esto dice el 1° de febrero de 1958, en el Silencio, en el centro de Caracas, cuando retorna del exilio luego de la caída de la dictadura de Pérez Jiménez. A quienes fuimos a recibirlo -yo estaba allí a mis 12 años- Caldera nos recordó la participación protagónica de los jóvenes en la lucha contra el opresor.

Resaltó la unidad de los jóvenes como llama de libertad. “Ellos salieron a la calle a librar las primeras batallas, cuando el triunfo parecía imposible. Ellos salieron a aprender la lección de la Patria, porque la fuerza de los estudiantes fue un gesto constructivo para la nacionalidad, que debe aprender la primera lección, la básica lección, que es la lección de la decencia y de la ciudadanía”.

Este domingo 12 de febrero se recuerda otra gesta de muchachos héroes, la Batalla de La Victoria, convertida en Día de la Juventud, cuando los chamos de Caracas fueron a los valles de Aragua en 1814 a detener al sanguinario Boves, para reganar la patria y la libertad. Este 12 de febrero de 2017 es una nueva invitación a la batalla, a darlo todo por Venezuela que hoy exige lo mejor de los mejores, y sin duda la juventud es lo mejor, es su hora.

Es tiempo de actuar, estamos viviendo horas oscuras, las peores en 200 años de vida republicana. Nunca una dictadura, ni siquiera la brutal y sanguinaria de los 27 años del General Gómez, había hecho tanto daño al alma nacional como este desastre que ya cumplió mayoría de edad, 18 años de retroceso y empobrecimiento paulatino que nos ha traído a puerto de hambre. Es tiempo de acción, son días de calle y juventud.

Tuve el honor de ser orador de orden en el Coloquio celebrado en el Interamerican Institute for Democracy, en Miami, promocionado por VENAMÉRICA, en ocasión de conmemorar 59 años del 23 de Enero. Puse de manifiesto el aporte inmenso de la Iglesia Católica a la lucha contra Pérez Jiménez, y el rol de la Pastoral del Arzobispo de Caracas, Monseñor Arias Blanco, del 1° de mayo de 1957, que fue sin duda el primer paso firme y concreto para derrocar la dictadura. Caldera, en su discurso del 1° de febrero de 1958, que estamos comentando, afirmó que “la Iglesia Católica, que no es, no puede ser ni será nunca un partido político, pero que hoy ha sido y tendrá que ser la depositaria de su doctrina… cuando sale a defender la base de la libertad, está cumpliendo su deber”. La Iglesia, sus obispos, prelados y feligresía sufrieron de los ataques del régimen, fueron vapuleados por el dictador que no aceptaba críticas.

La historia se repite. Le ha tocado nuevamente a la Iglesia dar un paso ante la dictadura brutal y asfixiante del Socialismo del Siglo XXI: Los Arzobispos y Obispos de Venezuela, el recién pasado 13 de enero, en la Exhortación Pastoral “Jesucristo Luz y Camino para Venezuela“, fijan posición ante la dictadura: “Una gran oscuridad cubre nuestro país. Estamos viviendo situaciones dramáticas: la grave escasez de medicinas y alimentos. ¡Nunca antes habíamos visto tantos hermanos nuestros hurgar en la basura en búsqueda de comida!”.

Luego de la denuncia del drama en toda su dimensión, los obispos y arzobispos hicieron la invitación: “Ante la desesperanza reinante, que paraliza la dinámica de toda buena y oportuna iniciativa, exhortamos a todos a lograr puntos de encuentro que favorezcan la articulación de los diversos sectores en un proyecto común de país. Tengamos confianza y esperanza en nuestras capacidades para cambiar la actual situación”.

Más claro no canta un gallo, decimos en Venezuela. La Iglesia dio un paso adelante, es tiempo de juventud y pueblo. Que la calle no calle.

PACIANO PADRÓN

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